LA COMISIÓN CIENTÍFICA DEL PACÍFICO

Publicado el: 25/05/2011 / Leido: 5125 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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LA COMISIÓN CIENTÍFICA DEL PACÍFICO

 

Fuente: http://www.pacifico.csic.es/

La Comisión Científica del Pacífico fue la principal empresa científica ultramarina de la España isabelina. En la primavera de 1862 el Ministerio de Fomento decidió agregar un equipo de naturalistas a una escuadrilla naval que un gobierno dirigido por el general O'Donnell, líder de la Unión Liberal, envió a tierras americanas en el marco de una política panhispanista.

Tras un arduo proceso de selección, el grupo de viajeros naturalistas estuvo formado por seis profesores vinculados al Museo de Ciencias Naturales de Madrid (tres zoólogos, un geólogo, un botánico y un antropólogo) y dos ayudantes: un taxidermista y un dibujante-fotógrafo. Su misión era formar colecciones científicas que enriqueciesen los fondos de los museos españoles y contribuir a desarrollar el programa de aclimatación de animales y vegetales exóticos que fuesen útiles a la economía española, puesto en marcha a mediados de la década de 1850 por Mariano de la Paz Graells, uno de los organizadores de la expedición.

Tanto en los inicios como en el desarrollo de su expedición, los integrantes de la Comisión sufrieron contrariedades y contratiempos de diversa índole, debido en gran medida a que sus desplazamientos estuvieron supeditados a los movimientos de los buques de guerra en los que viajaban. Debido a esas razones sólo cuatro de los ocho comisionados -los zoólogos Martínez y Jiménez de la Espada, el antropólogo Almagro y el botánico Isern- emprendieron lo que ellos mismos denominaron el gran viaje. Atravesaron entonces, entre 1864 y 1865, el continente sudamericano desde Guayaquil a Belém explorando los volcanes de los Andes ecuatoriales, herborizando en zonas de una gran biodiversidad, observando la fauna del alto Amazonas y estudiando los usos y costumbres de diversas etnias amazónicas.

Pero antes de efectuar ese gran viaje, los naturalistas de la Comisión del Pacífico tuvieron la oportunidad de conocer la mayor parte de las repúblicas sudamericanas, algunas de las repúblicas centroamericanas y California. Como consecuencia de su periplo formaron importantes colecciones zoológicas, botánicas, geológicas, antropológicas y arqueológicas que se custodian en diversas instituciones científicas madrileñas como el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Real Jardín Botánico, el Museo Nacional de Antropología, el Museo de América y el archivo de Marcos Jiménez de la Espada en la Biblioteca General de Humanidades del CSIC.

Sólo una pequeña parte de esas colecciones ha sido estudiada. Primero por algunos de los viajeros naturalistas como Martínez y Sáez y por Jiménez de la Espada, autor de un excelente estudio sobre su colección de anfibios, considerado como una obra clásica de la literatura herpetológica internacional. Posteriormente, esas investigaciones fueron proseguidas por algunos de los naturalistas más importantes de la España del último tercio del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX como los zoólogos Ignacio Bolívar y Ángel Cabrera Latorre, el antropólogo Luis de Hoyos Sainz, y el botánico Josep Cuatrecasas.

Además de las contribuciones efectuadas por esas investigaciones al conocimiento de la diversidad de la naturaleza y las culturas americanas, la expedición generó otros importantes resultados artísticos y científicos. Por un lado, el dibujante-fotógrafo Rafael Castro y Ordóñez efectuó un conjunto de fotografías, de las que se conservan en torno a medio millar, que constituyen una magnífica fuente iconográfica para el conocimiento de las ciudades, los paisajes y las gentes que observó el ojo mágico de la cámara de Castro. Por otra parte, uno de esos expedicionarios -Jiménez de la Espada- transformó su peregrinación científica a Ultramar en una especie de viaje iniciático, en el que se forjó su interés por el estudio de las antigüedades americanas y su afán por reconstruir las tradiciones científicas generadas en América por la administración colonial y los cronistas de Indias durante la era moderna. Esa afición por la historia le animó a impulsar una comunidad científica internacional de americanistas que emergió en el último cuarto del siglo XIX.

(Fuente: Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid)

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