PROYECTUALIDAD Y CONOCIMIENTO EN LOS ARCHIVOS DEL TERCER MILENIO_1 er Parte

Publicado el: 28/11/2008 / Leido: 9024 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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PROYECTUALIDAD Y CONOCIMIENTO EN LOS ARCHIVOS DEL TERCER MILENIO

Msc. Víctor Hugo Arévalo Jordán

Resumen

El objetivo de este trabajo es traer a escena una discusión abordada en el inicio de este milenio, con relación al Proyecto que se realiza en los archivos. Concordancias entre la estructura del Proyecto Archivístico que produce, hace circular, consume y traduce conocimientos en acciones y propues­tas que permitan comprender, describir, explicar y predecir el movimiento de la información almacenada en sus ambientes de conservación, que le concierne en cada uno de capítulos en que actúa. Esto nos lleva a un discurso no reduccionista ni mucho menos dogmático sustentado en una cadena de acciones proyectuales que intentan unificar conceptualmente las discontinuidades de las diversas prácticas teóricas y empíricas del Proyecto Archivístico. La proyectualidad articula los conceptos, cuya interpretación Archivística conduce en la búsqueda colec­tiva de respuestas al: qué, cómo, con qué, con quiénes y hacia dónde dirigir el quehacer activo-reflexivo de un Proyecto Archivístico-aún-por-hacerse en un futuro muy cercano.

Palabras clave: Gestión de la información, Proyectual, organizaciones, sociedad del conocimiento.

PRELIMINARES TERMINOLOGICAS

Con el desarrollo de las tecnologías y la mayor comprensión de las conductas de la información, las organizaciones públicas y privadas requieren de diversos análisis que les permita desarrollar con eficiencia una dirección estratégica. Estos Análisis nos permiten enfocar con mayor soltura, los fundamentos del conocimiento archivístico, fundamentos agregados y relativos a su labor como la dirección estratégica, su innovación y una dirección basada en el conocimiento.

Sorprende el desarrollo histórico de la Archivología como conocimiento, logra un grado de independencia como fenómeno cognoscente por las características fundamentales del mismo conocimiento que encierra; como recurso estratégico y su incidencia en la gestión de las organizaciones; como gestión del conocimiento y su importancia en las organizaciones, así como la gestión del capital intelectual, herramientas imprescindibles para la gestión de innovación en la sociedad del conocimiento.

Considerado como una mutación ineludible en el entorno social, sentimos y asistimos periódicamente a rupturas culturales, como la actual,  donde la riqueza de toda organización se basa en la capacidad indeleble para dar valor a su capital inmaterial y conservar sus competencias estratégicas. Los archivos, como parte constitutiva, no pueden quedar excluidos.

Se estructuran las organizaciones sobre la base de un capital volátil por naturaleza, imperceptible en sus distintas manifestaciones, esperando dar un paso hacia el futuro para comprender cual será el próximo a dar, se torna en un permanente desafío del futuro, muy cercano por la aceleración histórica que la percibimos. “No son las relaciones reales entre `cosas' lo que constituye el principio de delimitación de los diferentes campos científicos sino las relaciones conceptuales entre problemas. Sólo allí donde se aplica un método a nuevos problemas y donde, por lo tanto, se descubren nuevas perspectivas nace una `ciencia nueva'”[1].

Una de las cuestiones fundamentales de la Archivología contemporánea, es saber la conformación del núcleo de conocimientos que identifica su profesión. Esta cuestión incide en la formación de los Archiveros, que, respetando los elementos históricos, administrativos y legales, tienen como fundamento básico la Diplomática en primer grado, las ciencias Administrativas y a las ciencias Históricas como sustento cognoscitivo. Los archivos, como Instituciones, plantean cuestiones que despierta el interés de la sociología, considerando sus orígenes y su naturaleza, si son artificiales, productos de la repetición, o si responden a un orden natural, universal. Los archivos, como instituciones se instauran, como respuesta y reconocimiento a un acuerdo social, consolidado por leyes producidas por aquellos en condiciones de producirlas, y su preservación que se cumple por dos vías, primero por la tradición, la reiteración convencional y el ritual de su actualización; y segundo por el grado de conservación de la memoria, mediante documentos debidamente almacenados en repositorios. Los archivos se constituyen en la garantía y fundamento del pasado. "Las primeras obras que estudiaron temas relacionados con el material archivístico y las tareas de archivos fueron escritas por juristas del siglo XI[2]. Sin embargo, las primeras afirmaciones generales sobre la naturaleza de los documentos y sobre las obligaciones de los responsables de su creación y custodia pueden encontrarse en la legislación de la antigua Roma[3]. En algunas secciones del Código Justiniano, hay enunciados referidos a objetivos y modo de crear y preservar documentos, que han permanecido en el núcleo de la teoría Archivística durante siglos, desde entonces."[4].

El archivo es un todo constituido por partes de distinta naturaleza, y es imposible fundamentar el conocimiento archivístico sin comprender y controlar sus partes elementales. Así, la Historia, la historia de la administración y del derecho, la paleografía y la archivología derivaron en conocimientos científicos, lograron en su proceso de hacerse ciencias autónomas, por derecho propio, utilizando fuentes primarias, principios y metodología de la Diplomática, adaptando e incorporándolas a sus propios métodos.

Los principios, conceptos y métodos de la diplomática son universalmente válidos y ofrece objetividad al estudio archivístico y por extensión a la Documentología, derivando en una alta calidad científica. Es apropiado para las Ciencias de la Documentación en general, extraer directamente de la ciencia diplomática original, los elementos que puedan ser utilizados para el trabajo y desarrollo, aplicados a las necesidades contemporáneas.

La naturaleza de las Instituciones Archivísticas se reconoce por su origen asociado a su finalidad, sea religioso, social, político y su mantenimiento ritual y pedagógico. Las leyes y costumbres se distinguen como un orden establecido por otros y respetado por conformidad ideológica con ellas. En el primer caso, regula nuestro comportamiento aparente, mientras los hábitos y modalidades de relación acordadas, casi implícitas, que regulan nuestro comportamiento interior aparecen reforzados por las costumbres. Las leyes y las reglas, para el pensar clásico, seguían a las costumbres, si bien luego contribuían a reafirmarlas. Entre esos enunciados se halla la definición de Archivo, como "el lugar donde se depositan los documentos públicos"[5], también "allí permanecen incólumes y pueden ser encontrados rápidamente por quienes buscan"[6], asimismo se puede preservar la memoria perpetua de "los actos que relatasen[7]. La razón por la cual los conceptos legales de Roma tuvieron una gran influencia en el pensamiento archivístico de Europa y desde allí a alcanzaron a otros continentes fue que eran enseñados, desde 1158, en todas la facultades de derecho a los juristas y notarios que las sobrepusieron a todos los sistemas legales de sus respectivos países a modo de "ley común", esto s de armazón básico del que cada legislación nacional recibió orientación y sentido[8]. Las ideas de que la antigüedad otorga a los documentos máxima autoridad[9]; de que depositar un documento en un lugar publico garantiza su confiabilidad como testimonio de acciones y de que la custodia ininterrumpida aseguraba la autenticidad del documento llegaron a constituir parte del conocimiento archivístico y así quedaron hasta nuestros días porque estaban encarnadas en el derecho Romano[10].

En la década de 1960, se autonomizan las ciencias diplomática y archivística, de la dependencia exclusiva y costumbrista de la ciencia histórica. Entre las disciplinas no jurídicas que estudian los hechos administrativos. La ciencia archivística y la diplomática analizan estos hechos de manera específica, considerando que los hechos presentan propiedades que otras ciencias y disciplinas no tienen la función o los instrumentos para analizar.

Es entonces menester, comprender que la archivología, que estudia hechos específicos relacionados a la actividad administrativa, la Diplomática, que estudia minuciosamente la legitimidad de los documentos, se imponen a nuestra atención y convergen en una resultante de este punto de vista: la Documentología, que asume su rol especifico.

Todas las conductas humanas tienden a ritualizarse y casi todas aparecen como institucionalizables. La sociología con Durkheim toma a las Instituciones como cosas, y proclama que el objetivo de su ciencia no es la de interpretar sino mas bien la de constatar las leyes que gobiernan comportamientos casi constantes. Aun cuando no debe excluir comportamientos no constantes y relevantes. La Institución Archivística se percibe como un marco de actuación y como límite restrictivo que actúa con fuerza y autoridad moral, basado en la convicción del valor de la misma, en el consenso y en el respeto.

Las Instituciones Archivísticas que gozan de consenso generalizado y perdurable son las auténticas y respetadas, percibiéndose su carácter restrictivo como aceptable en tanto derivamos de su cumplimiento satisfacción moral. Durkheim destaca el carácter autónomo de las Instituciones, que reflejando un cuadro de leyes nos rigen preexistiendo y perpetuándose a nuestra propia existencia. Tal es el caso de los archivos, más allá de tal o cual sistema archivístico, refleja acuerdos casi míticos. Las restricciones son percibidas como autónomas y se ejercen con eficacia, en la medida de su asunción como internalización individual en el proceso de socialización y por sobre todo reflejan las necesidades y aspiraciones de los individuos a los cuales las Instituciones Archivísticas enmarcan; pero también les permiten expresarse. La fuerza de una institución y sus limitaciones están en relación directa con el aporte individual que depende de la adhesión a los valores que la sociedad y la cultura expresan en ella por correspondencia con las aspiraciones e intereses del sujeto-individual.

Se destaca la dificultad de comprender los sucesos actuales. En parte, la razón es que nuestra sociedad crea fuentes de información que nos presentan en forma múltiple y fragmentaria. Las Ciencias de la Información, en su generalidad y considerando estos aspectos, nos hace posible tender líneas de desarrollo o fases críticas en la función de la documentación.

La Archivología es una Ciencia Social que trata o estudia los archivos como continente y como contenido, cuya finalidad reside en facilitar una metodología adecuada para auxiliar a las ciencia y a la sociedad. Es necesario aclarar que los términos Archivología, Archivís­tica y Archivo no son sinónimos como generalmente se los emplea. La archivología engloba todo el estudio teórico, su fundamentación e investigación. La archivística se ocupa de las técnicas que se han de emplear en el manejo de la documentación, y los archivos, son los núcleos o repositorios documentales, objeto formal de la archivología.

La mayor fuerza deriva de la legitimidad y el valor pedagógico de la institución archivistica, vale decir de su percepción como válida y su capacidad de persuasión. No todo es institucionalizable en una cultura y sociedad moderna cognoscitiva, sociedad móvil y contestataria por excelencia. Cuando una serie de relaciones sociales y atributos propios de un conjunto de personas poseen un cierto grado de congruencia podríamos y podemos decir que constituyen una institución.

Así los atributos del clero durante siglos o de los militares por milenios basados en el rol ocupado por su función en la sociedad, la retribución real y simbólica y su particular educación, eran percibidos, reconocidos y aceptados como específicos a una determinada jerarquía social, por lo que la Iglesia de cualquier religión y las fuerzas armadas podían reconocerse como Instituciones y de alguna forma, han imprimado el carácter de las Instituciones Archivísticas, más antiguas aun.

Las grandes Instituciones son las de un origen mítico y que se proyectan en la historia; como la escuela, nacida del deseo-necesidad de saber, el teatro nacido del deseo-necesidad de expresión y comunicación, los archivos nacen del deseo-necesidad de custodiar los actos, importantes y cotidianos de los ciudadanos.

Toda relación social institucionalizable supone un rol y un agente actor que lo ejerza frente a otros según normas y reglas prefijadas que reclaman reciprocidad. La escuela nace de una persona-docente que tiene algo que transmitir y algunas personas-alumnos que reconocen la significación de ello.

Las Instituciones requieren de una permanente motivación, acciones recíprocas, que no siempre se traducen como igualitarias. Parece suficiente un mínimo de coherencia para que exista una perdurabilidad, pero por sobre todo una participación compartida. En los archivos el archivero puede conservar, ubicar y transmitir documentos e información; pero, sin la voluntad y participación del usuario. El usuario es potencialmente un factor determinante del trabajo archivístico, pero su presencia es posterior al acto de archivar.

Las Instituciones Archivísticas son productos del acuerdo de partes, actos de fe común de una comunidad. Existe una vida contemplativa, una vida activa y una vida poética. Estas tres modalidades también se ven en la institución que generamos. Paralelamente, los edificios públicos en los que se desarrollan los archivos de mayor interés, son síntesis de vida contemplativa y de vida activa.

El trabajo Archivístico nos encamina  y orienta sobre los aspectos de:

Análisis de las necesidades, se traduce en el análisis Documental y Funcional.

Especificación de las características técnicas, se traduce en los modos y requisitos para  la evaluación de los paquetes lógicos, aplicables a las necesidades del archivo y  de los documentos.

Un Archivo es, para quien ingrese en uno, una meta: pero además es un punto de partida de otro proyecto, de otra experiencia posterior. Quien entra en un archivo no sale igual que cuando entró: como todo acto de revelación, se torna poético. Esto es así porque tomamos en cuenta que toda información modifica de una u otra forma al individuo que la acepta o percibe.

Todo edificio, cuando hablamos de Archivonomía, debe captar el espíritu de su institución y debe erigirse en un verdadero centro, debe ser explicativo de su propia existencia. Si ingresamos en un archivo, debemos entender qué es lo que ese cosmos nos explica del sentido de nuestra existencia, de nuestra vida. Esto debe suceder con cada edificio público que alberga, que "encasa" una institución. Sólo de esa forma una obra puede ser relevante.

Los patrones de Organización de las Instituciones Archivísticas están dados sobre la base de:

una configuración formal, estructurante y organizada, y

una Organización espacial, archivonómico.

Por lo tanto, nos referimos a los aspectos:

morfológicos,

topológicos y

tipológicos.

Las Instituciones Archivísticas manifiestan un grado de estructuración, que está sustentado por los principios básicos de Organización interna, como estructura documental, y externa como estructura administrativa.

Las acumulaciones de conocimiento, desde el punto de vista Archivístico,  se desarrollan en:

Sistema Social   Subsistema político

                                   Subsistema económico

                                   Subsistema Cultural

                                   Subsistema Científico

                                   Subsistema Tecnológico

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                       INFORMACIÓN

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                       COMUNICACIÓN

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Al realizar los análisis funcionales, entendemos que toda acción ejecutada requiere: - información pertinente, articulación traducida en los archivos como trámites, - coordinación e integración  en los sectores de actividad que generan documentos, comunicación portadora de información y conocimiento, control en toda sus áreas, evaluación crónica, cooperación en la organización de la estructura;  la norma originalmente ISAF y convertida a ISDF, que serán aprobadas o presentadas en el próximo congreso del ICA.

Una de las modalidades más significativas del pensar archivístico lo constituyen sus procesos proyectuales. Nos referimos a ellos para luego ver los condicionantes más amplios del pensar en un archivero, a través de su hacer y pensar.

La enseñanza de la Archivística se propone y se erige, en rigor, como la enseñanza de un proceso proyectual. Los archivos no pueden identificarse en un mismo proceso creativo de archivos y de conformación, exponemos las razones:

1.- cada archivo está dotado de creatividad propia, vale decir:

de una personalidad distinta,

de una formación cultural determinada,

de una imagen propia de su status

de una imagen total en las interrelaciones que varían constantemente,

2.- cada archivo maneja un cuerpo teórico e ideológico diverso que frente a requerimientos de la institución y la sociedad, produce distintas respuestas.

Todos estos aspectos son condicionantes de la secuencia de decisiones que definimos como proceso proyectual. Uno de los elementos fundamentales es el status profesional, es decir, la imagen que se tiene del archivero a través del tiempo. Si tomo el momento inicial, en él el usuario y el archivero coincidían: si vamos a una comunidad primitiva, usuario y archivero son la misma cosa: no hay distinción entre ellos. "Aunque necesariamente no se dejaba de lado el suministro de información a los servicios administrativos, ante todo se trabajaba con miras a facilitar la investigación histórica, aún era frecuente que algunos archivistas cedieran a la tendencia de conceder favor especial en su trabajo profesional a los documentos relacionados con sus investigaciones personales, encubriendo, de tal modo, el aspecto cultural mas general de su misión."[11]

En sociedades  desarrolladas empiezan a definirse niveles de especialización en que aparecen artesanos con cualificación particular, que los toma capaces de abordar el tema archivístico; y haciendo un gran salto histórico pasamos al archivero - idóneo quien es ya muy distinto del usuario, es un especialista dotado de una autonomía y suficiencia propias. "Es evidente que en el lapso de una generación, las cosas han evolucionado notablemente. No hace mucho tiempo los archivistas de la mayor parte de los países europeos, fieles a la concepción que lentamente se había elaborado en el curso del siglo XIX, estaban de acuerdo en querer ser, ante todo, si no exclusivamente, historiadores y en considerar sus depósitos como centros de conservación de fondos de archivo de valor permanente al servicio de la investigación histórica. Sus relaciones con la administración pública eran juzgadas como secundarias y en muchos casos, las iniciativas de entrega y de eliminación se dejaban al arbitrio de las entidades administrativas. En muchos países los documentos no llegaban a los archivos sino después de plazos mas o menos largos (cien o cincuenta años) como Alemania, Bélgica, los Países Bajos, etc. Los documentos antiguos eran tratados con privilegio en comparación con los papeles contemporáneos, y los inventarios y ediciones de documentos medioevales gozaban de elevado prestigio a los ojos de los archivistas paleógrafos diestros en las técnicas de la erudición."[12]

Pero ese archivero - idóneo sufre una evolución y pasa a ser archivero - técnico, archivero - profesional. Es decir pasa a ser una serie de personalidades a lo largo de la historia. “De otro lado, algunos estados que no contaban con fondos de archivos ni tan antiguos ni tan ricos fueron montando servicios de archivo con vocación administrativa acentuada. El personal de estos servicios, carente de información histórica, era reclutado en los cuadros de funcionarios de la administración, o entre bibliotecarios y documentalistas, y luego entrenado específicamente para asegurar la documentación de las autoridades.

En estas condiciones cabría preguntarse si no se hallaba próximo a un divorcio entre dos concepciones del oficio del archivista; entre la del archivista historiador, ajeno a la administración, y la del archivista administrador sin verdadera perspectiva histórica.”[13]

El advenimiento de la revolución industrial permite visualizar con mayor claridad cómo empiezan a dividirse los oficios, qué grado de especialización y estabilidad tienen y cuán racional ha de parecer esta imagen que el profesional tiene de sí mismo y al mismo tiempo cuál ha de ser el papel social de este momento determinado.

"Esta vitalidad produce una dispersión y parcelación en corrientes múltiples. Falta acuerdo sobre el objeto, los métodos, la finalidad, la propia terminología... Por otro lado, la "mundialización" o universalización de las cuestiones teóricas, íntimamente vinculada a lo dicho, produce a su vez una difícil comunidad científica, al quedar la Archivística parcelada en elementos cuya asimilación pretenden sectores de especialistas diferentes (documentalistas, administrativas, historiadores...) La incertidumbre que se vislumbra puede estar motivada, o bien por una presumible juventud de la ciencia como tal, que no ha conseguido aún diseñar sus propias problemática y metodología, o bien por una particularidad del objeto estudiado habitualmente. Esta segunda parece ser la causa real. Porque, si bien es cierto que la Archivística a duras penas se emancipa de otras ciencias tan antiguas como ella hasta hace unos años; ciencias que tienen autonomía propia desde el siglo XIX (la historia y el derecho administrativo, por poner unos ejemplos), es no menos cierto que el trabajo diario resiste, es casi antinómico, a la reflexión científica."[14]

La revolución industrial, produce un cambio total en el panorama de las Instituciones afectando incluso a las Archivísticas, se modifica el panorama de la ciudad, donde se consolidan las sociedades, aparecen los poderes de “imperium” al decir de Lodolini, expandidos y el gran capital monopólico en el plano económico. En cualquier latitud del mundo: los profesionales son llamados a actuar en las más diversas latitudes. Es notable el surgir de figuras y actitudes progresistas, la imagen del profesional se acentúa, de modo que las fuentes de inspiración, para diferenciarse en la toma de decisiones, se remiten mucho mas a la literatura y a la historia que al campo del pensamiento que la nueva tipología ha producido. Nos enfrentamos ante la construcción de una problemática propia.

“Las técnicas nacidas a la par que la archivística y sobre un universo teórico de referencia similar han adquirido, si bien recientemente, un estatuto científico propio. Han delimitado su problemática. Una paleografía descriptiva y como tal estéril, ha dado paso a la historia de la escritura como vehículo de organización social, de cultura y de poder, de la mano de la escuela italiana. La puesta de relieve de la historia del notariado frente al estudio descriptivo de las cancillerías, o de los primeros pasos de la codicología cuantitativa, son algunos aspectos relevantes de estos desarrollos científicos nuevos.”[15]

La problemática sobre cuyo estudio se fija la archivística está compuesta por los tópicos siguientes:

1. Como denominador común a varias disciplinas, se plantea el paso de la oralidad a la escrituralidad, valgan los términos; del uso de la fonética como comunicación, al uso de instrumentos escriptorios y soportes materiales, permitiendo agruparlos como escritura en primera instancia, posteriormente como intencionalidad, y por último como acto jurídico - administrativo. Esto nos permite acercarnos a la apropiación de la escritura como medio de información, comunicación y testimonio, considerando sus derivaciones posteriores como la reprografía, y las necesidades sociales que conllevan a una difusión y dispersión de lo escrito bajo formas nuevas.

2. El desarrollo de las formas jurídicas traducidas en una legislación y reglamentación, no solo de los archivos como sistemas, sino también del sistema del derecho, que se apoya y que apoya en el uso de documentos. Normalmente se considera que la asignatura de Legislación en la enseñanza archivística, debe considerar y apuntar a una tentadora normativa comparada de distintas áreas geográficas, cuando corresponde conocer todos los actos jurídicos que complica el tema de los documentos, conformando así uno de los tópicos teóricos.

3. El desarrollo de estructuras políticas centralizantes con las distintas formas de aparición del Estado y correlativamente de la Administración, generando estructuras independientes y expansivas; las mismas que permiten aproximaciones teóricas sobre la gestión documental; tomando en cuenta que la producción documental tiene total dependencia de la estructura institucional.

4. Las técnicas documentales empleadas para los sistemas de almacenamiento y uso de documentos, históricamente fundamentadas, tomando en cuenta como principales la clasificación, ordenación y descripción y considerando conceptos desde los orígenes de la escritura, hasta la incorporación de sistemas basados en la electrónica.

5. El empleo de testimonios escritos, como factor inicial en el desarrollo de la investigación general, tomando como preferencia la social. Apuntando a la evolución del pensamiento científico y su filosofía. Este aspecto se presenta con una mayor comprensión, cuando se trata de archivos de instituciones antiguas.

6. La síntesis temática y otros aspectos auxiliares, de manera interdisciplinar, permite construir una ciencia propia, que es alimentada por los aportes de otras, a saber: la antropología y la paleografía; la historia del derecho y de la administración; la sociología del derecho, de la administración y del poder; la semiología y la crítica textual; las ciencias de la documentación y la información; la historiografía y la filosofía de las ciencias, etc. El reto consiste entonces en la elaboración de una síntesis propia.

A partir de éstas reflexiones, se aborda el desarrollo de la archivología.[16] La evolución que sobre todos estos puntos se ha producido es muy notable, y parece indispensable subrayarla, desde las líneas iniciales de este informe. El archivista de hoy, sin dejar de considerarse al servicio de la historia, ha establecido o restablecido, vínculos particularmente estrechos con las entidades de donde emanan los documentos, adelantándose en ocasiones a los documentos mismos. Además ya no se limita exclusivamente a los documentos escritos, ni sólo a la documentación de origen público, ni siguiera a la que parece de valor permanente. Una nueva concepción de archivos totales se ha abierto camino, y el archivista de los tiempos presentes se ha hecho público, el mas extenso posible, el caudal creciente de las riquezas que se le confían y asegurar su total explotación.[17]

Los análisis funcionales deben apuntar a niveles específicos de comprensión como:

- saber - saber,

- saber - hacer

- saber - ser

- saber - estar

Este movimiento intelectual se traduce en nuevos requerimientos en las instituciones modernas, como:

Aprendizaje                                     lo conocido y lo por conocer (conocimiento)

Control                                            social (información sobre su estructura)

Integración                                      interdisciplinariedad (relación de formas cognoscitivas)

Experiencia                                     fundamental  traducida en actitud cognoscitiva

Esto genera, de alguna manera, una diferencia entre el saber del estado profesional y el saber profesional aportado por la tecnología contemporánea.

"La situación en Francia es la misma: allí la recolección de documentos contemporáneos se hace con la perspectiva lejana de conservar todo material útil para la investigación. Bajo una formulación diferente, la respuesta italiana no se aleja mucho de esta concepción: pues, si bien es cierto que insiste - al igual que los países escandinavos - en la unicidad de esencia de los documentos de archivo, ya sean conservados en la oficina o llevados a los depósitos, no por ello deja de definir al archivista, antes que todo, como un "investigador científico". En cuanto a los archivistas rumanos, ellos recuerdan, en su respuesta, que la legislación de su país se señala a sus archivos "fines científicos y culturales - educativos"."[18]

Aparece además la figura del académico, que es también fuertemente conservadora. El Movimiento Moderno se explica precisamente en la concreta valoración del saber técnico y científico. Por oposición a la del archivero del siglo XIX, actitud opuesta a la conservadora que caracterizaba a su oficio, se renueva la imagen del archivero, aceptado por el mercado y juzgado original a través del romanticismo, y por otro lado, contempla polémicamente la actitud académica que quiérase o no, no deja de ser conservadora, y además acrítica. El eclecticismo, que pretende conciliar las doctrinas que parecen mejores o más verosímiles, no tiene una actitud reflexiva, crítica y científica, que el Movimiento Moderno requería. Este Movimiento aspirará a esto mas un compromiso con la realidad, con las demandas de sociedad reclamará una actitud crítica frente a la sociedad y la elaboración de un pensamiento, de un saber nuevo que esté cargado de una actitud racional.

A la formulación del conocimiento del Movimiento Moderno contribuyen diversas figuras. Unifica la necesidad de inscribirse en un proceso industrial, a la de producir formas que realmente aporten, que asimilen e incorporen los procesos productivos, propios de la revolución industrial, al mismo tiempo que hace una re-definición del perfil profesional, prácticamente centralizado en la eficiencia técnica y en la capacidad de responder con tal saber, la intervención no del individuo solo sino el trabajo en equipo; una modalidad totalmente nueva e insólita dentro del panorama de la historia de la archivología.

"Son pues razones de regularidad en las entregas; razones del clasificación de los legajos en forma que permita su adecuado tratamiento ulterior en los archivos; en fin, razones de facilidad para la eliminación, las que, cada vez más, persuaden a los archivistas de la necesidad de establecer, lo más pronto posible, su control sobre los documentos, y así han llegado a reivindicar un derecho de supervisión delos "archivos en formación". Pero desde el punto de vista de la doctrina Archivística importa mucho preguntarse en qué momento o estado de esta formación puede o debe intervenir el archivista."[19]

Aparece por ejemplo, la imagen del archivero que vale por su obra proyectual. Los profesionales no trabajan en condiciones ideales, sino en relación de dependencia: generalmente en oficinas públicas. Y sin embargo, generalmente tienen todo el mito y meta profesional de dadores de formas e interpretan y viven como sustentadores de roles técnicos, administrativos y de gestión. Sin entender que el efectivo rol que atraviesa el cuerpo global de la profesión es la de activistas sociales y culturales en cualquier tarea.

"Aceptemos que el archivista debe tener el derecho a conocer el proceso de nacimiento de los documentos. Pero así y todo, nos preguntamos, si también le corresponde el deber de extender su interés hasta su fase prenatal.

De nuestra parte creemos que los archivos no están llamados, bajo ninguna forma, a absorber los servicios de organización y de métodos que, bajo nombres diversos, existen en la mayoría de los países, a los cuales corresponde la función pública o las reformas administrativas. Se trata de dos profesiones netamente diferentes, así tengan fronteras comunes. Creemos que es altamente deseable establecer una colaboración más estrecha que la hoy existe entre los servicios administrativos y los archivos. Pensamos, sobre todo, que la voz de los archivistas debe escucharse en el seno de las diversas comisiones competentes en materia de métodos administrativos. Ir más allá sería desbordar la misión propia de los archivos."[20]

Esta imagen, este status, esta personalidad del archivero, tiene una influencia determinante en la toma de decisiones del proceso proyectual y en la forma de tomar estas decisiones.

Teóricamente hay que encontrar un equilibrio entre un técnico eficiente que responde con rigor a los problemas que le son planteados, con profesionalidad, y la calidad propia de un intelectual que es la de cuestionarse la naturaleza de su hacer.

Para ello hay que hablar sobre la inteligencia. La inteligencia se define fundamentalmente por los oficios redituables de una sociedad. Pareciera que a medida que se aporta, desde un rol y un compromiso a una conformación de la cultura, se empieza a adquirir un rango de mayor jerarquía.

"Definiremos un depósito de archivo, ante todo, como un establecimiento de carácter científico, encargado de funciones administrativas. En efecto, parece difícil separar este doble aspecto que representa las dos caras de una misma institución. La posición húngara, a este respecto, es bien clara. Otros, sin embargo, (Francia, Rumania y Yugoslavia principalmente), desearían completar esta definición con una referencia a la función cultural - educativa de los archivos. Nuestra opinión es la de que esta función, por importante que sea, debe considerarse como secundaria o derivada de la vocación científica de los archivos."[21]

De esta manera conformamos la:

DINÁMICA DEL CONOCIMIENTO EN LA ARCHIVOLOGÍA

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 Esta dinámica requiere en las instituciones:

Facilitar la gestión documental, (innovación funcional).

Permitir la investigación, obteniendo recursos documentales y facilitando aspectos de la información. (Accesibilidad dinámica)

Dar seguridad (jurídica) a los documentos que han sido descriptos.

Controlar el movimiento documental en sus distintas etapas.

Discernir los distintos tipos de información: científica, técnica y Administrativa.

Ubicar al documento en tiempo mínimo.

Las Nuevas Tecnologías de la Información y comunicación se aplican en: Administración, Comercio, Industria, Ciencia, Ingeniería, Educación, Información, Comunicaciones. Situaciones estas, que en su totalidad son productoras documentales.

ACTO PROYECTUAL

Todo acto proyectual es un acto reflexivo crítico sobre la totalidad de una problemática planteada y una reflexión sobre la realidad. La posición de proyectar es aquella que no propone simplemente hacer y construir, sino que tiene que reflexionar en las consecuencias de su hacer y construir, y la significación del hacer y construir: para que actuemos, qué implicancia tiene nuestro operar.

El archivero no es sólo un profesional técnico, sino un profesional del pensamiento, y como tal está implicado en su ejercicio, en función de su ideología y de su creatividad, de la estructura histórica de su tiempo y del marco cultural en el que está inscripto el accionar de toda la comunidad. Y es en base a esto, consciente o inconscientemente, un actor social o cultural. Si nuestros actos son inconscientes, los riesgos de nuestro operar son enormes, de ahí que aprender a ordenar sea inseparable de saber pensar, de reflexionar sobre nuestra tarea y oficio.

Esta concepción fue expresada con claridad en la respuesta sueca y que podemos resumir así: la concepción total de los archivos, según la cual los documentos recientes y los fondos archivados no son más que dos aspectos de un solo problema, exige también una concepción global de las tareas del archivista. No puede establecerse prioridad para los trabajos de investigación científica o para los de carácter administrativo. La finalidad de los archivos es servir los intereses de la investigación, en el sentido más amplio del término, y la condición fundamental para lograrla es que se encuentren perfectamente organizados desde su comienzo. Por ello, la formación, la gestión y la selección de los archivos activos de la administración merecen importancia y tratamiento similar a los que se otorgan a los documentos ya entregados.[22]

El estado crítico puede presentarse desde distintos ángulos o aspectos:

La crítica técnica tiende generalmente a ser neutra y conservadora;

La crítica moral tiende a ser recatada y casi imprecisa, y

La crítica lógica e intelectual, tendería a un análisis, a un grado de objetividad con respecto al operar.

Construimos a través del pensar, y el pensar no existe sin la capacidad de verbalización, sin conformar el acto juritio; no existe sino se enmarca en un saber, no sólo cómo saber hacer, sino qué hacer. Se podrá hacer con mayor o menor eficiencia pero debe existir.

Este es el punto determinante del proceso proyectual. En alguna medida está caracterizado por instancias, en la que se va de una conceptualización a una caracterización del problema-tema, a la comprensión de la línea esencial estructurante de la misma y a un primer nivel de formalización. Entonces ofrecemos una especie de proyecto vital de aprendizaje que guarda íntima correlación con este tipo de hacer.

Todos los tratados de archivología, en definitiva, son una manera de indicar un proceso de pensamiento, un proceso de toma de decisiones. Pero hasta los tratados relativos a los actos fundacionales de una ciudad, hasta las actas por la independencia en América, fueron elaborados post-facto como relevamiento de procesos dados, de hechos consustanciados. No figura el proceso creativo del hacer. Pero es este evidentemente un tema reciente en el marco de los últimos decenios, donde el proceso proyectual toma un énfasis distinto y fundamentalmente, comienza a adquirir la entidad y la dimensión, caracterizado por un énfasis puesto no solamente en el nivel de la praxis o del lenguaje sino en el plano de la teoría y de la reducción Archivística. En el plano de la praxis se traduce en lo que se llaman los procesos y la sistematización del proceso en orden; y en el plano de la teoría se traduce en la reflexión sobre el proceso proyectual.

"La noción de material archivable también ha evolucionado hoy no se puede limitar sólo a documentos escritos; hay que extender la noción y aplicarla al conjunto de documentos, ligados con la actividad de los servicios administrativos, cualquiera que sea su forma material: impresos, mecanografiados, sonoros, fotográficos, cinematográficos, planos y diseños técnicos. Esta responsabilidad de conservación del patrimonio documental del país, de la región y de la ciudad, implica para el archivista la obligación de no limitar su campo de acción a los documentos originados en las administraciones públicas, sino también de ocuparse de los provenientes de entidades parapúblicas, comunidades, empresas económicas, de familiar y de individuos. Es decir que la responsabilidad del archivista de hoy se ha extendido a todo el conjunto del patrimonio archivístico - histórico, sin consideraciones de fecha, de naturaleza material o de estado jurídico."[23]

Quien puede ilustrarnos y orientarnos de manera fundamental sobre el valor del proceso en sí, es Hegel, (1770-1831), no olvidemos que Hegel constituye como uno de los últimos intentos de la filosofía occidental, para construir un sistema completo y autosuficiente, este autor manifiesta que es tan importante en el pensar, el objetivo que se plantea inicialmente, así como el producto al que se arriba a través del proceso de la reflexión. Para Hegel es importante cada una de las instancias de la elaboración, desde el punto inicial al resultado al que se arriba, tanto como el camino recorrido para poder arribar. Lo que nos advierte Hegel en que un producto prácticamente no puede ser evaluado sin tener en cuenta todo un proceso. Porque sería como evaluar un cuerpo sin vida, sería hacer una suerte de autopsia descifrando los causales de defunción pero ignorando la vida. Para Hegel fijación de metas, camino y resultado tienen igual importancia. Para la Archivología, que considera todo su trabajo como una unidad de proceso, tiene tanta importancia como para Hegel.

El pensamiento de Hegel impacta a algunos contemporáneos; Roland Barthes (1915 - 1980) en "El Placer del Texto", sostiene que todo texto merece múltiples lecturas. Todos hacemos una diferente lectura de un mismo producto pero, al mismo tiempo señala que el producto, es algo inacabado.

Un texto sería acabado, solo cuando se hayan realizado todas las lecturas que encierran sus posibilidades, la estructura abierta, permite la creatividad. Esto aplicado al plano de la archivología se traduce en el pensamiento en que se debería incluir la participación del usuario, que el usuario debería ser un componente de la determinación de las etapas del Ciclo Vital de Los Documentos (CVD) y que la obra debería tener suficientes cualidades como para ser indeterminada, flexible, cambiante, indefinida. Comprendiendo además todas las situaciones textuales, contextuales y de entorno, lo que permite una aproximación a la realidad archivística; desconocer esta realidad es solo tomar parte de una parte, parcialidad que perjudica la imagen real del archivero actual.

En las décadas del sesenta y setenta, se observa la culminación del proceso de transformación iniciado por el Movimiento Moderno, que puso a la ciencia como modelo de actividad y a su método como generalizable a todas las disciplinas. No hay ciencia sin método, sin camino. La década trata de sistematizar modelos de acción para la toma de decisiones, basadas en la hipótesis de la racionalidad y objetividad científica derivada de la noción de esta, emanado del positivismo, se acerca a un profesionalismo que ignora las nuevas nociones de verdad de las ciencias contemporáneas. No obstante, esta situación permite una mayor preocupación por el desarrollo de los archivos, cada vez más necesarios en la toma de decisiones acertadas, y cada vez más solicitados para analizar precedentes de actos públicos o privados que permitan un desarrollo sobre la marcha.

La fe en las ciencias y en sus procesos racionales de orden, avalados por metodologías ciertas, válidas, universales, caracterizaron a la década del sesenta, reconociendo en las ciencias como valor máximo. La ciencia como método a ser aplicado en un proceso racional de elaboración de un proceso proyectual. Consideremos entonces los métodos de clasificación y de ordenación, a la par que los métodos en la elaboración de productos descriptivos o auxiliares de investigación, como elaboración del proceso proyectual, que determina la calidad de información obtenida de un archivo.

En la década del sesenta se caracteriza por la aparición de una serie de metodólogos, y un mayor impulso en el desarrollo de las ciencias archivísticas, con mayor amplitud en las ciencias sociales, que intentan sistematizar y proponer modelos de acción, reconociendo actitudes frente al orden: pragmática, empírica, innovadora, indeterminada, o sea una serie de actitudes clasificadas como organismos conspicuos de secuencias decisorias.

Popper, filósofo de las ciencias contemporáneas, parte del convencimiento de que toda conclusión es producto de un proceso que va desde una conjetura teórica hasta la formulación de una hipótesis, que si luego se verifica lo es provisoriamente. En otras palabras, lo que dice Popper es, que en la ciencia, no existen verdades universales, toda verdad es una verdad totalmente provisoria. Postura tomada por Mario Bunge.



[1] Weber, Max. Ensayos sobre la Teoría de la Ciencia. Ediciones Península. Barcelona, 1971:146.

[2] SANDRI, L. La storia degli archivi. En Rassegna degli Archivi di Stato. A XVIII(1), 109 - 134. Ene - ab. 1958. Llamada en DURANTI, Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[3] LODOLINI, Elio. Lineamenti di storia dell’archivistica italiana. Roma, La Nuova Italia Scientífica, 1991, p. 44. Llamada en DURANTI, Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[4] DURANTI, Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[5] JUSTINIANO. Corpus Juris Civilis, Digesta 48, 19, De poenis, 9. Ha de recordarse que, con excepción de las Novellae, esto es, las leyes promulgadas por Justiniano, las otras tres partes son compilaciones de leyes romanas anteriores y de opiniones de jurisprudencia. También hay que destacar que la categoría “documentos públicos”, en la Antigua Roma, incluía los documentos producidos por personas privada que eran registrados en una oficina pública (tal como algunos tipos de contratos). Llamada 4 en DURANTI, Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[6] Ibid., Novella 15, De defensoribus civitatum, 5. Llamada 5 en : DURANTI, Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[7] Ibid., Codices I, 4, De episcopali audientia, 30. Llamada e en: DURANTI Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[8] DURANTI, Luciana. Medieval Universities and Archives”, en Archivaria 38 (summer 1994). Llamada 7 en: DURANTI Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[9] TERTULIANUS, QSF, Apologeticum, XIX,1. Llamada 8 en: DURANTI Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[10] ACCURSIUS “Additiones summae azonis, glossa ‘archivum’”, en Azonis summa super codicem. Turín, Augustae Taurinorum ex Officina erasmiana, 1958. Llamada 9 en: DURANTI, Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[11] F. Borja de Aguinagalde. Presentación. REVISTA DE ARCHIVISTICA, Responsable de Patrimonio Documental.

[12] BAUTIER, Robert Henri. LA FUNCIÓN DE LOS ARCHIVOS; LA MISIÓN DE LOS ARCHIVOS Y LAS TAREAS DE LOS ARCHIVISTAS, (Proceedings of the 11th and 12th International Conferences, of the Round Table of Archivists, Bucarest 1969, Jerusalem 1970, 1972) En La Administración Moderna de Archivos y la Gestión de Documentos: El Prontuario RAMP. París, Diciembre de 1985. pag. 1.

[13] Id. Prontuario. Pag. 2.

[14] Id. Presentación.

[15] Ibid. Presentación.

[16] Si bien la propuesta que se hace bajo el modelo de Aguinagalde, trata de contemplar una situación netamente archivística, no deja de ser discutible, lo cual nos plantea solo una problemática que es perfectible en la medida que se desarrolla.

[17] Ibídem. Presentación. (Comprobar)

[18] Ibídem. Presentación. (Comprobar)

[19] Ibídem. Presentación. (comprobar)

[20] Ibídem. Presentación. (comprobar)

[21] Ibídem, Bautier, pag. 4

[22] Ibídem, Bautier, pag. 8

[23] Ibídem, Bautier, pag. 6

Publicado el: 28/11/2008 / Leido: 9024 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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