Nuevas incorporaciones de libros antiguos de Diplomática, Arqueología y Paleografía a los fondos de la Biblioteca Histórica

Publicado el: 26/05/2013 / Leido: 3956 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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Nuevas incorporaciones de libros antiguos de Diplomática, Arqueología y Paleografía a los fondos de la Biblioteca Histórica

María Teresa Rodríguez Muriedas 24 de Mayo de 2013 a las 16:03 h

 

Una veintena de ejemplares procedentes de la Biblioteca del Departamento de Ciencias y Técnicas Historiográficas se ha incorporado recientemente a la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense, gracias a la estimable colaboración de la Biblioteca de la Facultad de Geografía e Historia. Queremos agradecer desde aquí esta buena práctica por parte de su dirección y dar a conocer un poco de historia bibliográfica acerca de estas piezas singulares. La mayoría de los volúmenes datan del siglo XVIII y están escritos en latín, si bien figuran obras en castellano, italiano y francés. La paleografía y diplomáticas son las disciplinas más representadas, a pesar de la escasa bibliografía técnica con que se cuenta en esta centuria. Los primeros tratados relativos a estas materias en España se sitúa en el s. XVIII. Pero lo importante no es el hecho de la publicación de unos tratados de mejor o peor calidad por sus doctrinas y reproducción de láminas, sino el interés social que despierta el conocimiento de las fuentes escritas, como pruebas que permitirán una correcta reconstrucción del pasado. Muchos de estos títulos se convirtieron en libros de obligado conocimiento para historiadores ilustrados. Como señala Rafael de Floranes y Encinas "La Paleografía es el astro que ilumina los rincones más tenebrosos de los archivos".

Se trata de ejemplares selectos y curiosos, de gran formato con espectaculares grabados, como el que presentamos, que corresponde a la obra de Johann Ludolph Walther, Lexicon diplomaticum : abbreviationes syllabarum et vocum in diplomatibus et codicibus a seculo VIII. ad XVI... con tablas paleográficas, abreviaturas y numerosos textos. La iconografía se muestra aquí como otro medio de expresión para introducirnos en una gran biblioteca como símbolo del conocimiento, con vitrinas y anaqueles repletos de libros, que se consultan o que son al menos nuestras reservas de saber, a la manera de un tesoro disponible. Los encantadores puttis y angelotes revoloteando, desempeñan las funciones de mensajeros, guardianes, protectores y aquí parecen dispuestos a exhumar el patrimonio escrito. Se modelan creando espacios de sombra y volumen consiguiendo un gran contraste lumínico. Al fondo, una mujer leyendo en su escritorio completan esta escena libresca. El artista, Jacob Van der Schley fue un prominente grabador y dibujante holandés con sede en Amsterdam, que estudió bajo la tutela del grabador francés Bernard Picart (1673-1733). Aunque es más conocido como retratista e ilustrador, también trabajó en el área de la cartografía junto a renombrados autores de su época, como el cartógrafo  Jacques-Nicolas Bellin (1703-1772) o el historiador Antoine François Prévost (1697-1763).

Otra obra más ambiciosa, es el facsímil tipográfico de fragmentos de texto y grabados de los códices de la Biblioteca Vaticana: Antiquissimi Virgiliani codicis fragmenta et picturae ex Bibliotheca Vaticana. Pietro Santi Bartoli, su dibujante, reprodujo el Códice Virgiliano (Roma, Vaticano, Bibl. Apostólica, Cod. Vat. 3867), en 55 láminas (1677, Roma, Calcográfia Nacional). Amante de la antigüedad y estudioso de la naciente arquitectura, propone la reconstrucción de muchos de los monumentos más famosos de Roma. A medio camino entre los siglos XVI (Speculum de A. Lafrery) y el s. XVIII (Antigüedades de G. B. Piranesi), disecciona el tema de la "grandeza de Roma" con una consistencia y tenacidad que perdurará toda su vida, y que extiende a las pinturas, lámparas sepulcrales, monedas, joyas antiguas, etc.

Destacamos la obra, Pompeia, trattato pittorico, storico e geometrico : opera disegnata negli anni 1824 al 1830, con 78 litografías grabadas por Paolo Fumagalli; y  como nos advierte el autor: " ...Aquí no se ven más que restos desfigurados de magníficos monumentos cuyas formas primitivas no pueden ser reconocidas más que por el ojo del artista , sólo él puede degustar toda la belleza  que el tiempo ha desvastado, pero aquí todo se ha detenido  con una íntegridad casi perfecta, porque Pompeya es única..."

El primer tratado hispano de Paleografía del que tenemos noticia, según Elisa Ruiz García, es de Cristóbal Rodríguez, archivero abulense, autor de la Bibliotheca universal. Después de un sinfín de percances, la obra fue publicada en 1738; y de esta edición se ultimaron unos cien ejemplares. La impresión fue un verdadero fracaso por su factura, modo de distribución y sistema de venta. En consecuencia, durante la primera mitad de esta centuria la interpretación de las llamadas "escrituras antiguas" discurrió por el cauce de un aprendizaje empírico y en muchos casos, autodidacta. Sin embargo, es justo mencionar la obra de Andrés Merino de Jesucristo, Escuela paleográphica o de leer letras antiguas que marcó un hito en su época y alcanzó gran difusión y fue muy bien acogida por el público.

Otra obra de interés es una nueva edición bilingüe tardía (1773) de Antonio de Nebrija : Introducciones latinas : contrapuesto el romance al latin, para que con facilidad puedan aprender todos, y principalmente las religiosas, y otras mugeres dedicadas á Dios que para este fin mandó hacer S.A. la Reyna Católica Doña Isabel al maestro Antonio de Nebrija que responde a una tradición distinta de la princeps salmantina e incluye un curioso retrato calcográfico del autor.

Para aquellos lectores implicados en trabajos de investigación, se hace cada vez más necesario el manejo de estos repertorios especializados, obras imprescindibles en una biblioteca ideal. No podrían faltar esta primera serie de disciplinas que abarcan las llamadas "ciencias historiográficas": paleografía, diccionarios de abreviaturas latinas y léxicos, diplomática, ciencias auxiliares de la historia, de suma importancia para desentrañar las numerosas abreviaturas en los manuscritos medievales, y en definitiva saber leer las "letras antiguas".

Para finalizar, apuntamos a los nuevos antiguos poseedores, identificados a través de sus anotaciones manuscritas, ex libris impresos, superlibros que pasarán a integrar nuestra base de datos. Hombres ilustres y ávidos lectores de la talla de  Girolamo de  Medici, Casa de Oñate-Monte Alegre-Los Arcos, Duque de Noblejas, Mariscal de Castilla, W. Queipo...como denotan sus cuidadas encuadernaciones.

Bibliografía :

  • Ruiz García, Elisa. Las ciencias historiográficas y la Ilustración española: el entramado erudito",  en VI Jornadas científicas sobre Documentación Borbónica en España y América (1700-1868). Área de CC. y TT. Historiográficas de la Universidad Complutense de Madrid, 2007, pp.  323-378

 

http://biblioteca.ucm.es/blogs/Foliocomplutense/7676.php#.UaLBFzKPOUk

 

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