Tres siglos de historia manuscrita

Publicado el: 11/12/2011 / Leido: 5875 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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Tres siglos de historia manuscrita

El Archivo Histórico de Asturias custodia el «Tumbo Nuevo» de Belmonte, único documento del desaparecido monasterio que se conserva en nuestra comunidad

 
Conchita Paredes, directora del Archivo Histórico, con el libro.
Conchita Paredes, directora del Archivo Histórico, con el libro. nacho orejas

Autor: Oviedo, M. S. MARQU?S

El Archivo Histórico de Asturias conserva entre su muy destacada, amplia e interesante documentación una obra poco habitual en estos sabios recintos del conocimiento y la historia. Se trata del «Tumbo Nuevo» de Belmonte, un volumen encuadernado en pergamino sobre tabla de madera que resulta ser el único documento procedente del monasterio de Belmonte (siglo XI) que se conserva en Asturias.

Por tumbo, cartulario o libro becerro se conoce el volumen que recopila el conjunto de copias de documentos de un monasterio u otra institución, normalmente en un único tomo. Los papeles que contiene transmiten íntegramente, o en extracto, los títulos de propiedad o los documentos de mayor importancia que testimonian la pertenencia. El nombre de tumbo describe el modo horizontal de guardar la documentación, ya que debido al gran formato del volumen, debía mantenerse tumbado en la estantería, en arcones o en cualquier lugar donde se mantuviese archivado. También debía ser tumbado para su consulta.

El «Tumbo Nuevo» de Belmonte es un libro importante y orgullo del Archivo Histórico de Asturias, no porque contenga documentos, que no los contiene, como explica la directora del archivo, Conchita Paredes, «sino porque informa del contenido de los mismos». Lo que el libro alberga en su interior es un completo registro de escrituras sobre propiedades, apeos -deslinde de propiedades-, arriendos, censos, foros, misas, aniversarios, jurisdicciones? en resumen, tres siglos de la vida externa del monasterio.

Comenzó a escribirse en 1602, aunque el cenobio, con una rica historia, es muy anterior. Se funda en el siglo XI por los condes Pelagius Frolaz y su esposa Ildoncia Ordóñez, nieta de la reina doña Velasquita, esposa del rey de León Bermudo II. Familia piadosa, decide levantar el monasterio como muestra de devoción. Algunos años después (1141), los condes lo ofrecen a una comunidad de monjes de San Bernardo en concepto de capellanes y servidores de una iglesia propia, aunque los fundadores mantenían el señorío directo. Diez años después, en 1151, lo donan al rey.

El monasterio recibió durante su vida numerosas donaciones, bienes que sirvieron para reunir propiedades en distintos municipios. A principios del siglo XVI, además del propio coto de Belmonte, sumaba entre sus propiedades distintos lugares en los concejos de Miranda, Somiedo, Teverga, Yernes y Tameza, Grado, Salas, Tineo, Castrillón. Avilés y Villaviciosa entre otros.

La vida monástica se mantuvo hasta las leyes desamortizadoras del siglo XIX, tras las que la comunidad benedictina desapareció para siempre dando paso al consabido abandono y ruina de las instalaciones.

Las vicisitudes y los acontecimientos más importantes del monasterio desde 1602 quedan reflejadas al detalle en el tumbo. Así se sabe que poseía muy buena hacienda en distintos concejos, de lo que dan muestra las descripciones de los tipos de arrendamiento, entre ellos los que se producían con la brañas a los vaqueiros que cuidaban desde la primavera al otoño los ganados.

El libro cuenta con 704 hojas (la última en blanco) escritas con letra procesal tardía y humanística. Aunque algunas de las primeras páginas han tenido que ser restauradas, conserva bastante buen estado.

A la importancia y singularidad del tumbo se añade el logro de haber llegado hasta nuestros días y ser el único documento eclesiástico que se custodia en un archivo público, además de ser también el único documento procedente del archivo del monasterio de Belmonte que se conserva en Asturias, ya que el resto de los documentos eclesiásticos incautados fueron enviados a Madrid.

Pero este volumen corrió otra suerte y no se sabe aún cómo consiguió escabullirse de aquella recogida. Lo que sí está documentado es que en 1951, cuando el resto de los materiales del archivo de Belmonte ya había sido puesto a buen recaudo, el tumbo fue ofrecido por una familia de la localidad para su venta a la Diputación Provincial de Oviedo. Meses después, en febrero de 1952, se acordó su adquisición por el precio de 5.000 pesetas. En el expediente de venta se justifica la misma «para evitar su desaparición, con perjuicio de las fuentes informativas de la historia del Principado».

Con la compra se salvó un interesante documento, una película escrita de la vida rural y de las relaciones entre vasallos y monjes en tiempos oscuros. Tras este episodio pasó a formar parte del archivo de la extinta Diputación Provincial hasta que, en el año 2001, el Archivo General del Principado lo transfiere al Archivo Histórico de Asturias con el resto de los papeles de la Diputación.

Aunque el monasterio de Belmonte, en origen llamado de Lapedo -topónimo que desapareció en 1261- se fundó en el siglo XI, el contenido del tumbo no se empezó a redactar hasta 1602. Fue la llegada, unos años antes, de un nuevo abad, fray Bernardo Escudero, la que provocó la reorganización del archivo con el fin de ordenar la administración de los bienes de la casa y con ello la puesta en marcha de un tumbo nuevo donde se iban a recoger los acontecimientos más importantes.

El prólogo del mismo, escrito por el propio abad, es de gran importancia, según afirman los responsables del Archivo Histórico, porque en él se dicen cuáles son las funciones, cómo deben tratarse los documentos y se aconseja a los monjes que aprendan el manejo del mismo para ahorrar tiempo «en las cosas temporales» para dedicarlo a las espirituales. También se afirma que «la guarda de las escrituras y leerlas es de mucha importancia y darlas a conocer a los monjes más nuevos para que las conozcan».

Ángel Argüelles, técnico del Archivo Histórico, asegura que los monjes «tenían ya un sistema de clasificación y ordenación».

En el libro, el abad recogía datos y cuestiones que podían ir desde los habitantes que tenía el coto de Belmonte en el siglo XVI -que cifraba en 120 y 10 en las brañas- a asuntos relacionados con los tributos: recoge, entre otros, el debate sobre cuál debía ser el tamaño de la «marrana que se entregaba por San Martín, en noviembre, que no debía ser lechón cebado, sino mediana, que pasara de un año».

A excepción del tumbo, el resto del archivo del monasterio se encuentra en la «sección clero» del Archivo Nacional de Madrid como el de otras comunidades religiosas asturianas desamortizadas.

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