CONCEPTO DE ORDENACIÓN

Publicado el: 03/01/2015 / Leido: 8295 veces / Comentarios: 1 / Archivos Adjuntos: 0

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CONCEPTO DE ORDENACIÓN

Vìctor Hugo Arèvalo Jordàn

Relativo a orden, establecer un orden, también se dice ordenanza, en cambio Orden vemos que etimológicamente deriva del vocablo latino «ordo, -inis», este a su vez, deriva del vocablo griego, «orthós», recto. El Diccionario de la Real Academia Española señala a esta palabra como ambigua, o sea, de ambos géneros, la orden como el orden, indistintamente, excepto en los significados de «mandato, orden de caballería» y «coro de ángeles», en que la da como femenina; sin embargo, actualmente, en el lenguaje corriente está cristalizado el uso del masculino en unos casos y el femenino en otros, según se anota en cada acepción.

Cuando se usa la acepción masculina («En; Por») tenemos. La manera de estar colocadas las cosas o de sucederse en el espacio o en el tiempo, cuando está sujeta a una regla o norma; la clase de regla o norma puede expresarse con un adjetivo o complemento aplicado a «orden»: ‘Colocaron por orden de fecha. Las fichas están en orden alfabético. Parece que todos los archiveros se limitan a aceptar esta acepción, lisa y llanamente, pero analicemos otros conceptos sobre el mismo vocablo:

Circunstancia de estar o de suceder o hacerse las cosas de un conjunto cada una en el sitio o momento que le corresponde: ‘Los expedientes están en orden. El depósito está en orden. Examinaremos (los documentos) por orden de asuntos’.

«Organización». Circunstancia de marchar un asunto o funcionar una cosa con regularidad y coordinación: ‘En este archivo no hay orden: cada uno trabaja cuando le parece’.

«Normalidad». Circunstancia de no estar alterada la vida o la marcha de una colectividad o una reunión de personas por alborotos, riñas, indisciplina, etc.: ‘Cuando se restableció el orden, el orador continuó su discurso’.

Refiriéndose al género de vida que se hace, regularidad, buena distribución del tiempo, falta de vicios o excesos.

El Diccionario de la Real Academia española señala como: (masc. y fem.). «Relación o respecto de una cosa a otra». (masc.; historia natural). Cada grupo taxonómico de los que integran una clase, los cuales, a su vez, están constituidos por varias familias. (V. «clasificar».) Aquí observamos un concepto mejor logrado del término.

(fem.; frecuentem. en pl.). «Orden sagrada»: ‘Haber recibido [Tener] órdenes’. NATURAL. Manera de existir u ocurrir las cosas conforme a las leyes de la naturaleza. PÚBLICO. Situación de un país en relación con la sumisión por parte de los ciudadanos a lo establecido por las autoridades. RELIGIOSA. Instituto religioso formado por personas que viven en comunidad en conventos o monasterios, sometidas a una regla.

Y mucho más que no colocamos aquí, porque nos da una idea de cómo se usa el vocablo y porque nos resulta tan ambiguo a la hora de aplicar la Ordenación en el archivo. Bien, veamos la parte no literal sino conceptual de este término, y lógicamente, mucho más profunda.

Orden es un término que involucra las nociones de disposición o correlación entre partes, regidas por algún principio o regla. Este concepto es válido en la archivología, porque a través de la ordenación establecemos los principios de Procedencia y de Orden Original, que los analizaremos con más detalle. A su vez, esta noción puede tomarse de varias maneras. Si se hace hincapié en la disposición de las distintas partes según su esencia o su ser, se habla de un ordo essendi de tipo ontológico, que fue la noción predominante en el mundo antiguo y medieval, donde el orden se entendía como contrapuesto a caos, e implicaba que lo ordenado está sometido a regla, medida y razón, de forma que aquello que es ordenado sucede según una cierta necesidad.

También nos es comprensible esta definición, sobre todo cuando hablamos que nos contraponemos al caos.

La ordenación y la clasificación son dos ramas de un mismo trabajo, ambos están muy ligados, la Ordenación es la materialización de la Clasificación, al mismo tiempo es el paso ineludible a la Descripción.

En la clasificación se observan una relación de continente y contenido en concordancia con la definición de la Archivología; continente y contenido en cuanto a una acción que encierra funciones, éstas a su vez encierran actividades. Los fundamentos de la Ordenación no contradicen en absoluto estas nociones. Ordenar es dar utilidad a la documentación, permitir que su información sea recuperable, es obtener físicamente los contenidos del documento, agrupar los documentos de una forma racional, primero ordenar y agrupar los documentos individuales enmarcados en las actividades para convertirlas en unidades inteligibles y de acuerdo con las funciones desarrolladas, luego agrupar estas unidades relacionadas entre sí, dentro del contexto de la administración que genera documentos, de modo que reflejen las acciones de la entidad. Si mantenemos esta unidad entre las tres técnicas: la Clasificación, la Ordenación y la Descripción, la Identidad archivística del documento se mantiene definida, como consecuencia, nos da los propósitos del archivo y de la Entidad.

Si hemos ordenado adecuadamente la documentación, nos responde de inmediato el Fondo de Origen, porque necesariamente los documentos pertenecientes a un determinado organismo productor están reunidos en un determinado lugar. La actividad específica determina los puestos que estarán dentro de la clasificación, ordenados por las funciones y actividades. El tipo documental define la ubicación del documento.

La ordenación está sujeta a los factores de formación del archivo, es decir, se dará una primera fase, fuera del archivo, donde los papeles sueltos serán ordenados de acuerdo a las necesidades primarias del documento. En esta fase se da una pre-clasificación. Esta ordenación, llamémosla primaria, estará de acuerdo con las actividades del organismo o institución. Luego se presenta la segunda fase, cuando el documento ha cumplido determinados fines pero constituye aún un elemento de consulta, la ordenación será la misma, por lo consiguiente en esta etapa se sigue denominándola primaria.

Posteriormente los documentos son transferidos a una fase intermedia, esto sucede cuando los documentos han cumplido exhaustivamente sus objetivos, la ordenación continuará en esta fase a la primaria, pero por su volumen los documentos estarán ordenados por acciones por sus respectivas funciones y actividades que constituyen los hechos generadores del documento, llamémosla en este aspecto la ordenación secundaria. Por el número de orden más que de importancia, esta ordenación permanecerá en la fase histórica, donde los documentos han sido seleccionados por sus valores y necesidades de consulta.

En la ordenación primaria, es posible que el documento esté en diferentes lugares, sea que estos han sido reproducidos por copias carbónicas, copias legalizadas, fotocopias o cualquier sistema reprógrafo. Una resolución, circular, disposiciones de tipo general, normas administrativas, pueden estar en los archivos eventuales donde se desarrollan actividades similares o relacionadas con estos tipos documentales; pero en la ordenación secundaria, el documento no puede estar materialmente sino en un solo punto del espacio. La multiplicidad del documento se realizará a través de los auxiliares descriptivos.

Ordenar, en primera instancia, significa poner orden, concierto y buena disposición, encaminar o dirigir hacia un fin. Como consecuencia la Ordenación es, siempre en primera Instancia, la colocación de las cosas en el lugar que les corresponde, o como la regla que debe observarse para hacer las cosas.

En el terreno estrictamente filosófico la primera noción de orden surgió con el pensamiento de Anaximandro, quien concibe el proceso del devenir a partir de su concepción del ápeiron, (ausencia de limites y de determinaciones) lo concibe como un proceso ordenado que sigue la seriación del tiempo, y del que se puede dar razón en tanto que es pensado por el logos. También en este sentido el orden, puede aparecer próximo al logos de Heráclito entendido como «ley eterna». Mientras que para los atomistas Leucipo y Demócrito, el orden del cosmos se podía explicar por la conjunción de los átomos en el vacío según el contacto (el giro y la confirmación se vincularían a la posición y la figura o esquema, respectivamente), para Anaxágoras, tal como afirma Aristóteles, la teoría de los cuatro elementos (tierra, aire, agua y fuego) no era suficiente para dar explicación del orden del mundo, como tampoco lo era atribuirlo al mero azar. Por ello postuló la necesidad de un nous que explicase dicha ordenación.

El enfoque plenamente ontológico de la noción de orden se da con Platón, quien entiende la noción de orden como adecuación a la idea: una cosa está ordenada cuando corresponde a su idea, según la teoría de la participación. De esta manera, la relación que Platón establecía entre mundo sensible y mundo inteligible, quedaba como relación de subordinación de lo inferior a lo superior. Desde una perspectiva distinta, Aristóteles concibe el orden como una de las clases de la medida (Categorías, 8, 8b), o como una relación de las partes respecto del espacio o del tiempo, cuya forma fundamental es la de antes-después (Metafísica, 1018b 26). Esta relación de precedencia o de consecuencia, a su vez, tiene su manifestación más acabada en la de orden causal: el efecto no puede preceder a la causa. De esta manera, el orden es entendido como seriación o sucesión coherente regida por una ley, que puede ser la de causalidad, por ejemplo, aunque muchas otras series no causales también están ordenadas (series geométricas, orden numérico, etc.).

El Orden, como disposición o arreglo, es según Aristóteles, una de las formas ó clases de la medida, esta debe entenderse sin embargo, en sentido “ontológico” es decir, del ser en general, y no solo como arreglo especial de cosas entre si o de las partes entre si de una cosa. Por eso Aristóteles vincula el orden en tanto que disposición con el hábito y supone que la diferencia fundamental entre ambos reside en la menor permanencia del primero. Esto no lleva a una conclusión más adecuada, es decir que podemos decir que el orden es una determinada relación recíproca de las partes. Creo que comprendemos mejor al decir que el trabajo archivístico sobre los documentos es restablecer esa relación original de las partes. Esta conceptuación de la relación de las partes se le atribuye a San Agustín y también a Santo Tomás, aun cuando estos dos autores no conciban siempre del mismo modo la noción del “orden”.

Alejándonos un poco de nuestra realidad, analizamos a San Agustín, nada más que con la finalidad de ver que sacamos en limpio de este término tan especial, “Para San Agustín, el orden es uno de los atributos que hace que lo creado por Dios sea Bueno. Dios ha creado las cosas según forma, medida, y orden. El orden es una perfección. Desde el punto de vista metafísico, el orden es la subordinación de lo inferior a lo superior, de lo creado al Creador. Supone una jerarquía ontológica.”[1] Consideremos estos párrafos con mayor detenimiento. El orden presupone que tiene el mismo nivel que la forma y medida, lo cual no siempre habla del orden numérico ni cosa parecida, pero si nos habla de la subordinación de lo inferior a lo superior, podríamos vislumbrar algo de lo que se dice clasificación, pero sin llegar a ese nivel, pero tenemos otra pauta, solo ontológicamente, lo cual nos da de lleno que orden es mucho más genérico y de alcances más amplios que clasificación, aun cuando en la práctica, la clasificación es más manuable, lo que podemos interpretar que es correcta la postura de quienes dicen Ordenación y Clasificación. En ese orden de cosas. Para aclararnos mejor estas consideraciones, reconozco que son netamente teóricas, pero debemos tener fundamentos adecuados para hablar en la práctica archivística, para no tener ni transmitir conocimientos confusos. Continuamos:

De acuerdo con Maimónides, la naturaleza no tiene inteligencia ordenadora, esta organización emana de un principio intelectual y es obra de un ser que ha impreso esas facultades en todo lo que posee una facultad natural. Otra Pauta que nos da este párrafo es que la ordenación es una facultad bajo determinados principios intelectuales.

Santo Tomás nos habla de cierta relación recíproca de las partes presupone la jerarquía ontológica de San Agustín. En Santo Tomás la noción de orden se complica con la de sitio. Incluye algún modo del antes y del después. El orden sería entonces: la disposición de una pluralidad de cosas u objetos de acuerdo con la anterioridad y la posterioridad, en virtud de un principio. Considero aquí que ya estamos hablando de terrenos conocidos, la pluralidad de cosas podemos relacionar con la pluralidad de documentos, de acuerdo con la anterioridad y posterioridad, lo que justifica el sitio, podemos relacionarla perfectamente con los principios de Orden Original y de Procedencia, lo cual ya justifica la frase “en virtud de un principio”; pero veamos, el orden es la relación de las partes respecto a un espacio, lo que para los modernos pensadores el espacio es la primera imagen que suscita la palabra orden, está en la concepción clásica vinculada y aún subordinada a la relación respecto a la clase a la cual pertenecen las partes y, en último término, respecto a la idea.

En todo caso, parece haber una referencia notoria entre la concepción antigua del orden y muchas de las concepciones, modernas. Nuestra obligación no es decir “ordenar es colocar los expedientes en orden numérico”, así de simple, al contrario, nuestra mayor concepción del orden, nos ayuda en forma permanente a lograr un fundamento adecuado para nuestro trabajo. Evitemos por una concepción inadecuada de los conceptos, las susceptibilidad y posibilidad que se presenta de efectuar la pregunta, si es necesario este paso de ordenar, clasificar si la descripción lo resuelve todo. Es cierto, puede darse esa posibilidad, más aun con la aparición de los ordenadores y su aplicación a grandes volúmenes de documentos, pero, es escoger el camino más largo, tortuoso e inseguro.

El concepto moderno del orden se refiere a una relación de realidades entre si, (este concepto puede ser base del tipo documental): el concepto medieval se refiere a una relación completamente distinta de la cosa real con su idea. En la época moderna, el orden sufre un proceso de desontologización y de cuantificación que lo convierte en una disposición geométrica y numérica y, desde luego, a partir del predominio del análisis, reducible siempre a la última (numérica).

En algunos casos, el orden dentro del pensamiento moderno, es entendido nuevamente en un sentido muy aproximado al griego y al medieval. Para Leibniz, que el mundo esté “ordenado” significa que está primariamente jerarquizado, ontológicamente, por supuesto. Hay orden porque hay un principio de ordenación según el cual, cada cosa está en su lugar. Lo de bueno de Leibniz es que el orden no solo subyace en lo ontológico, sino que es fundamento de todas las demas series de orden, como el físico, el matemático, etc. Leibniz trata de unir el pensamiento tradicional con el moderno: el orden es una jerarquía, pero también una serie, o en ultima instancia, es una jerarquía porque es una serie, y toda serie es de algún modo, jerárquica.

Lo que podría llamarse desontologización de la idea de orden en la Edad Moderna, no equivale a decir que en toda la Edad Moderna la idea de orden es independiente de la jerarquía ontológica. Hay excepciones. Muchos pensadores modernos siguen teniendo en cuenta la idea del orden como orden del ser. Con la tendencia de subrayar las cuestiones del conocimiento frente a las cuestiones sobre la realidad, parece como si el orden fuera más bien un orden del conocer. Se insiste en el orden natural tratando de evitar el sobrenatural. Este aspecto del estudio del orden no nos aleja de nuestra realidad, porque requerimos de ese orden para tener un conocimiento real y concreto de todo lo que poseemos y podamos administrar adecuadamente o bien posteriormente, clasificar.

El orden en suma, parece residir en las cosas mismas en cuanto son conocidas, de ahí el paso de la idea de orden a la regularidad y uniformidad de la naturaleza.

Ahora bien, en lo que nos corresponde a la noción primaria de orden, exclusivamente formal, diremos que el orden es definido como la disposición de un conjunto de entidades, ejemplos de ordenación de conjuntos de entidades son: el orden de los números naturales, el orden de los puntos de una línea. Aparentemente, este es el aspecto esencial por el cual muchos archiveros prefieren tomarlo para organizar los documentos depositados  en el archivo.

De un modo más formal el orden es definido como la relación entre miembros de una clase, según la cual unos miembros preceden a otros. Los miembros son llamados con frecuencia elementos, se dice entonces que hay orden entre los elementos de un conjunto. Estaríamos hablando de los fundamentos de la clasificación, pero como un suborden dentro del orden, lo cual justificaría la tendencia de hablar como Ordenación y Clasificación y no viceversa como se pretende explicar. Pero seguimos con nuestro análisis para que no nos queden dudas de los que decimos.

Si, en cambio, se entiende el orden desde la perspectiva de los criterios de ordenación de las cosas conocidas, entonces se trata del ordo cognoscendi de naturaleza gnoseológica, que es la que predomina desde la modernidad. Corresponde al estudio teórico sobre el comportamiento de la información en las instituciones, además, si se tiende a pensar el orden como disposición de partes, se concibe el orden como una propiedad espacial. En cambio, también puede pensarse una ordenación meramente temporal o cronológica.

En el primer caso, el orden es de tipo geométrico; en el segundo, de tipo numérico. En ambos casos, lo ordenado se halla sometido igualmente a una razón, pero en el sentido de la razón matemática (entendida como proporción).

En el mundo antiguo, como hemos dicho, se tiende a entender la noción de orden de manera ontológica como contrapuesta a caos. Por ello, según los primeros sistemas filosóficos, el caos deviene cosmos que originalmente significa «orden», porque está sometido al logos, que expresa regla, medida y razón, y por ello puede entenderse racionalmente. Desde esta perspectiva el orden es condición de inteligibilidad de lo existente, ya que implica legalidad (sometido a ley) y, por tanto, necesidad y regularidad.

Al parecer esta primitiva noción surgió como una extrapolación o proyección del pensamiento social: una sociedad es justa y racional cuando está ordenada según leyes. Así, originariamente la noción de orden cosmológico deriva de la de orden social. Nótese que esta terminología es de raigambre jurídica, pues tanto ley, como cosmos -orden- son términos surgidos de este ámbito del pensamiento. Desde este punto de vista, la noción de orden estará presidida por la de subordinación, e implicará una jerarquización. De esta manera, lo ordenado será lo jerarquizado según cierto principio.

En el pensamiento cristiano de orientación platónica se interpretó la noción de orden como subordinación de lo inferior a lo superior, en el sentido de subordinación de todo lo creado al creador. San Agustín afirmará que Dios crea según forma, medida y orden, de manera que lo creado está ordenado porque se adecua a los planes de la providencia, y está regulado por las ideas ejemplares o arquetípicas que están en Dios. Desde esta perspectiva, lo opuesto al orden ya no será propiamente el caos (en el sentido originario de lo abierto), sino el des-orden. A través de este proceso, la noción de orden, surgida ya en sus inicios como proyección del orden social sobre la naturaleza-cosmos, vuelve de nuevo como orden social, pero revestida de su nuevo carácter cosmológico, e interpretada teológicamente. Santo Tomás, más vinculado a la tradición aristotélica, concibe el orden como la disposición regulada por un principio de una pluralidad de cosas de acuerdo con lo anterior y posterior. No obstante, esta noción sigue dando especial importancia a la relación de subordinación dentro de la clase a la que pertenecen las partes ordenadas, de manera que, en cierta forma, sigue siendo entendida como una relación de subordinación a la idea. Por ello, para el pensamiento medieval, incluso una entidad aislada puede ser ordenada si se corresponde con los designios de Dios. En el pensamiento moderno se tendió más bien a reinterpretar la noción aristotélica de orden entendido como seriación regulada causalmente. Esta es la concepción que sustentan Spinoza y Leibniz, e incluso el mismo Kant, quien incluso considera que el orden causal determina el orden temporal (razón por la cual el tiempo es irreversible). Pero en los pensadores moderno la noción de orden tiende a entenderse más bien como una relación de realidades entre sí, más que una relación respecto de una idea. Con ello se desontologiza esta noción, que tiende a entenderse en su aspecto cuantificable, y se tiende a sustituir la antigua noción de ordo essendi por la de ordo cognoscendi.

Especial importancia reviste la concepción de Bergson, para quien el orden es un cierto acuerdo entre el sujeto y el objeto: es el espíritu que se encuentra de nuevo en las cosas. Pero esto puede darse en dos direcciones opuestas que dan lugar a dos tipos de orden: por una parte el orden inerte, matemático, físico o automático y, por otra, el orden vital, el orden querido u orden de los fines, relacionados, respectivamente, con la espacialidad y con la duración. (Vemos que el orden vital corresponde a nuestros estudios). La inteligencia -afirma Bergson-, se reconoce en el orden geométrico o físico-matemático, pero ello es debido a que la misma ciencia (de carácter convencional según Bergson) está organizada sobre la aceptación previa del orden geométrico, fruto de la espacialización de la inteligencia y del olvido de la duración pura. Pero ninguna complicación matemática es capaz de introducir auténtica novedad ni creación en el mundo, y esta tendencia negativa es la que expresan las leyes particulares del mundo físico, incapaces de aprehender el segundo tipo de orden: el orden vital. Bergson critica también la idea negativa de desorden (entendida como ausencia de orden), y señala que tal idea es fruto de una confusión entre los dos tipos de orden mencionados. Estas consideraciones son fundamentales -dice Bergson- para la elaboración de la teoría del conocimiento, cuyo problema fundamental es el de averiguar cómo es posible la ciencia, es decir, por qué hay orden en las cosas.

La investigación ha de permitir deshacer los falsos problemas derivados de una mala comprensión de las nociones de orden contingente, de desorden y de azar.

Además de la distinción propuesta por Bergson, en la actualidad suele distinguirse entre diversos tipos de órdenes:

-orden matemático, ciencia en la que el orden se define a través de una relación diádica R, y se consideran diversos tipos de órdenes, de manera que una clase puede estar parcialmente ordenada, ordenada, o poseer un orden denso (ver continuidad);

-orden lógico (el del encadenamiento de las proposiciones o juicios según las reglas de un cálculo deductivo, por ejemplo);

-orden físico y cosmológico, donde, vinculados a los conceptos de la teoría de la información, el orden aparece como entropía negativa o neguentropía, y se relaciona con la noción de flecha del tiempo; Este aspecto lo desarrollamos en el análisis gnoseológico del conocimiento histórico.[2]

-orden biológico, definido por la teoría de la evolución;

-orden ético (según normas y principios);

-orden social (según leyes, instituciones y coacciones que preservan y permiten la continuidad de un grupo social), etc.[3]

 

 

CONCEPTO DE CLASIFICACIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Clasificación es la agrupación de los elementos de un conjunto en subconjuntos, clases o conceptos clasificatorios que lo dividen de forma disyuntiva y exhaustiva. Clasificar es, por tanto, dividir en grupos de forma tal que:

-ningún grupo sea vacío,

-ningún elemento pertenezca a más de un grupo

-y la suma de los elementos de todos los grupos equivalga a la extensión total del conjunto.

Entonces se dice que los conceptos clasificatorios constituyen una partición de un conjunto.

Clasificación se considera a la acción y efecto de clasificar. Escuetamente, clasificar, es («por, según, atendiendo a»), Dividir un conjunto de cosas en clases. Asignar una cosa a una determinada clase o grupo. Clase como cada grupo o división que resulta de repartir o suponer repartidas las cosas de un conjunto poniendo juntas las que tienen el mismo valor o ciertas características comunes.

En la Clasificación es que entendemos al Grupo taxonómico de objetos, intermedio entre el tipo y el orden. La taxonomía es la ciencia que tiene por objeto la nomenclatura y clasificación de las cosas, en archivología la aplicamos en principio a los documentos activos. El grupo o taxón que en la jerarquía se encuentra por debajo de un concepto general más amplio que el grupo (fondo), y por encima de orden, familia, género y especie.

Las clases pueden ser divididas en subclases o agrupadas en superclases. (Sección, subsección). Las unidades que se incluyen en una clase comparten ciertas características que indican un origen común (trámite), y que no están presentes en otras unidades. Por ejemplo, los comprobantes de pago pertenecen a la clase de los documentos contables, que agrupa a todos los documentos que presentan características de manejo contable y que representan cifras y de dinero.

Cuando tocamos el término clase, en su concepto lógico, se define como una serie, grupo, colección, conjunto de entidades (denominados miembros), que poseen por lo menos una característica común.

La noción de clase ha sido confundida muchas veces con la noción de todo. Esa confusión debe evitarse, pues de lo contrario se corre el riesgo de equiparar una entidad concreta con una entidad abstracta, aun cuando los elementos (miembros) de que se componen, sean entidades concretas.

La Clase del latín classis, grupo, es un conjunto de cosas que poseen la misma propiedad, o característica, o conjunto de cosas a que se aplica un término con igual sentido. Normalmente se equipara clase con predicado, aunque propiamente predicado es la intención de un término y clase la extensión del mismo.

Por lo mismo, si clase se define por su extensión, se tiene en cuenta el número de miembros o elementos que pertenecen a ella, y si se define intencionalmente, se tienen en cuenta las características que han de tener los elementos o miembros para pertenecer a una clase y no a otra. Prácticamente vemos en la definición dos propiedades importantes para la clasificación, las características, que como guía apuntamos generalmente a los caracteres internos y externos de los documentos; y la cantidad que hacen al volumen documental, estos factores son determinantes que nos obligan a planificar la clasificación.

Propiamente, la clase se define como la extensión de un predicado, o como el conjunto de objetos que hacen verdadera una función de proposición. Así, el conjunto de documentos a que se aplica el predicado «decreto» constituye la clase de documentos legales; o bien el conjunto de «objetos» que puede llenar el lugar vacío de la función «_______es decreto» constituye la clase de decretos. Para que un un documento sea objeto de clasificación, ese objeto debe ser independiente en si mismo, es decir, no se puede clasificar aquello que depende de otra naturaleza que es clasificada en otro aspecto.

Reunir tales objetos es «abstraer», y la operación realizada se simboliza mediante el operador de abstracción, que simboliza «la clase de todos los x tales que son decretos». Las clases equivalen a lo que la tradición ha llamado predicables, en la lógica de Aristóteles; la misma silogística aristotélica puede considerarse una lógica de clases.

Intuitivamente, clase es lo mismo que conjunto, si bien esta última noción pertenece más al campo de las matemáticas. Pero esta identificación entre ambas nociones ha dado origen a paradojas; de ellas, la más famosa es la paradoja de Russell sobre si la clase de todas las clases es o no miembro de sí misma. Para evitar estas paradojas, Zermelo propuso la distinción entre conjunto y clase, Russell propone su teoría de los tipos, y Poincaré la noción de impredicable. De estas teorías se desprende que las clases no pueden ser miembros de otras clases.[4]

La Clasificación, en Archivología, podemos denominar a la identificación, denominación y agrupamiento de documentos en un sistema establecido. Las numerosas formas de documentos que existen deben ser nombradas y organizadas de manera ordenada, de modo que los archiveros puedan estar seguros de que conocen el organismo exacto que es objeto de estudio.

La definición de los grupos de documentos se basa en la selección de características importantes, o rasgos compartidos, responsables de que los tipos documentales de cada grupo sean semejantes entre sí, y diferentes de los de otros grupos.

Los métodos actuales de la clasificación, tienden a reunir los grupos en categorías, de modo que éstas reflejen los procesos discursivos que subyacen bajo las similitudes y diferencias que existen entre los organismos. Dichas categorías forman un tipo de pirámide, o jerarquía, donde los distintos niveles representan los diferentes grados de relación sustentados en el desarrollo de los trámites y los objetivos de los mismos, esto nos acercaría a un proceso metodológico de investigación con características netamente archivísticas, queda mucho por desarrollar y comprender sobre estos temas.

La jerarquía se extiende en sentido ascendente a lo largo de varias unidades documentales, cada una constituida por características individuales estrechamente relacionadas, hasta unos pocos grupos, cada uno de los cuales reúne un gran número de conjuntos, entre muchos de los cuales sólo existe una relación distante.

Para conseguir que los métodos de la clasificación se correspondan lo más exactamente posible con la naturaleza de los documentos, los archiveros han examinado y comparado los Caracteres Internos y Externos de los documentos (CIED), el Ciclo Vital de los Documentos (CVD), obtenidos y adaptados estos documentos de la Diplomática, y que nos permiten analizar el comportamiento de la información de tantos documentos como es posible. Una clasificación normalizada nos permitiría lograr un tesauro universal sobre la producción documental, queda abierta la iniciativa.

Todas las ramas de la Archivología contribuyen a dichos estudios, pero las especialidades que están implicadas directamente en los problemas de la clasificación son la taxonomía y la sistemática.

Aunque las dos disciplinas se superponen, la taxonomía está más centrada en la nomenclatura (denominación) y el establecimiento de los sistemas jerarquizados, y la sistemática en las relaciones administrativas encuadradas en patrones administrativos.

 

NIVELES JERÁRQUICOS

 

Los archiveros clasifican a los documentos en el nivel básico de tipo documental, otro término conceptualmente discutible, que es la única categoría de esta índole que puede ser considerada real en la institución. Las categorías superiores son reuniones de grupos de tipos documentales. Una serie está compuesta por tipos documentales que comparten muchas características importantes. Además, en los organismos con representación de otras entidades, las series están formadas por tipos documentales entremezcladas, que de forma ideal no pueden tener series correctamente identificadas con ninguna otra, o bien las características son mas bien de una colección propiamente dicha, para estos casos opte por denominarlos cuerpos descriptivos.

Las series que no se cruzan con otras, pero que están claramente relacionadas entre si por compartir características importantes en su función, se agrupan en un subgrupo. Cada serie recibe los nombres del tipo documental dominante, por lo que no requiere mayores complicaciones.

Para construir la clasificación jerárquica, se agrupan dos o más documentos en series, las series en subgrupos, los subgrupos en grupos, los grupos en fondos. Los grupos de documentos incluidos en estas categorías principales, en cualquier nivel de jerarquía, reciben el término de taxones, y cada taxón recibe una definición que abarca las características más importantes compartidas por todos los miembros de un taxón.

En todas las clasificaciones científicas, menos en la archivística, que yo sepa, para permitir una subdivisión mayor, se pueden añadir los prefijos sub- y super- a cualquier categoría. Aparentemente no aplicamos a la clasificación archivística considerando la abstracción de la naturaleza de aquello que clasificamos, vale decir, sub-fondo, significaría una categoría menor de fondo?, pero analicemos si es adecuado decir que un super-fondo esta compuesto de dos fondos, suena raro, pero comprendemos que super-fondo tiene que corresponder a un ministerio o dependencia de gobierno muy grande o a alguna institución internacional que forma fondos con cada país en el cual realiza operaciones.

Tampoco se ve hasta ahora, en clasificaciones complejas, la utilización de categorías intermedias especiales como Sección y sub-sección, quedamos apretados a las unidades analizadas hasta el momento, había propuesto en 1982, la incorporación de estos dos terminos, sigue vigente esta propuesta.

En cualquier nivel, un taxón indica una base común. Todos sus miembros se han desarrollado a partir de un antecesor común, que fue la motivación de generar un trámite. Hablamos de taxones simples, pero, en los casos en los que en un taxón determinado confluyen dos o más miembros que tienen características en común pero que derivan en fondos diferentes, se dice que el taxón es compuesto o complejo. Generalmente se intenta dividir y redefinir el taxón de modo que se obtengan taxones simples. La clasificación de los documentos activos, está basada en niveles de la organización institucional.

 

CLASIFICACIÓN DECIMAL DEWEY

La Clasificación decimal Dewey, es un método clasificatorio cuyo fin es la catalogación de libros y otros materiales propios de la biblioteconomía. Fue desarrollado por el educador estadounidense Melvil Dewey (1851-1931).

Mediante este sistema de clasificación, las materias de los libros se dividen en diez categorías principales, cada una de las cuales es señalada por un número múltiplo de 100.

La primera clase, 000-099, engloba obras generales como enciclopedias, periódicos y revistas;

100-199 hace referencia a la filosofía y a la psicología;

200-299, a religión y mitología;

300-399, a las ciencias sociales;

400-499, a lenguaje;

500-599, ciencias puras;

600-699, tecnología;

700-799, artes (también deportes y ocio);

800-899, literatura;

y 900-999 comprende historia, geografía, biografías y viajes.

Cada clase principal está dividida en diez subclases, cada una de las cuales, a su vez, se divide con números individuales, indicando otra subdivisión menor. Otra división específica indica la localización geográfica, el periodo cronológico o la forma del material, que son señalados por números decimales que siguen al tercer dígito.

El esquema de esta clasificación fue publicado por Dewey en 1876 en un pequeño folleto de 42 páginas; sin embargo, en 1979 apareció la última de las 19 revisiones de su Clasificación decimal e índice relativo en tres volúmenes. Aunque es utilizado en las bibliotecas de todo el mundo, el sistema de clasificación que utiliza la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos ha sido adoptado también por algunas bibliotecas, principalmente norteamericanas, aparentemente resulta ser más práctico para las colecciones especializadas que cuentan con un gran número de volúmenes. Es prácticamente inútil aplicar a los documentos de archivos, por mucho que se fuerce el empleo de estas normas.

 

 

 

CLASIFICACIÓN DOCUMENTAL LC (LIBRARY OF CONGRESS)

La Clasificación documental LC (Library of Congress), es un método clasificatorio con la finalidad de catalogar los libros y otros materiales documentales, en biblioteconomía, ideado por la dirección de la Biblioteca del Congreso en la ciudad de Washington.

En este sistema de clasificación (comúnmente llamado LC por Library of Congress), todo conocimiento está dividido en 21 clases —indicadas más o menos arbitrariamente con mayúsculas— de la siguiente manera:

 

A

General Works

Trabajos Generales

B

Philosophy; Religion

Filosofía; Religión

C

History: Auxiliary Sciences

Historia: Auxiliar de ciencias

D

Universal History

Historia Universal

E, F

American History

Historia Americana

G

Geography; Antropology

Geografía, Antropología

H

Social Sciences

Ciencias Sociales

J

Political Science

Ciencias Políticas

K

Law

Leyes

L

Education

Educación

M

Music

Musica

N

Fine Arts

Bellas Artes

P

Languaje and Literature

Lenguaje y Literatura

Q

Science

Ciencias

R

Medicine

Medicina

S

Agriculture

Agricultura

T

Technology

Tecnología

U

Military Science

Ciencias Militares

V

Naval Science

Ciencias Navales

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Bibliography and Library Sciences

Bibliografía y Ciencias Librarias

Dentro de cada una de estas clases, el material está dispuesto desde las consideraciones generales hasta los aspectos específicos, y de la teoría a las aplicaciones prácticas; los temas específicos están indicados por combinaciones de mayúsculas y el más concreto por tres números.

El esquema de clasificación se revisa continuamente.

De manera diferente al sistema de clasificación decimal de Dewey, el sistema LC indica aspectos específicos de un tema sin señalizaciones numéricas.

Por ejemplo:

N (bellas artes),

            NA arquitectura,

            NB escultura,

            ND pintura,

                        ND813 pintura española

                                   ND813Gt Francisco de Goya y Lucientes.

            NK decoración.

Dada su flexibilidad, el método LC está particularmente indicado para las necesidades de colecciones, de bibliotecas especiales y de las grandes bibliotecas en general.

TAXONOMÍA.

Composición con las raíces del griego «taxis», ordenación, derivado de «tasso», ordenar, disponer, y «nomos», ley. La taxonomía se ocupa de la clasificación de los objetos y seres naturales.

Si tomáramos en cuenta los Tipos Documentales creados en todos los ámbitos institucionales de nuestro planeta, sería casi imposible lograr conocerlos a todos. La taxonomía puede auxiliarnos en el sentido de que nos permite categorizar, ordenar, describir, clasificar a todos los documentos generados en una institución, teniendo como la unidad de una clasificación a los documentos.

Aristóteles clasificaba a las instituciones vivas en tres reinos; Carlos Linneo los clasifico en tres categorías rigiéndose por la creación divina y dándole prioridad al hombre.

Los múltiples avances tecnológicos, nos permiten lograr conceptos cada vez más complejos, logrando profundizar la taxonomía a través de diferentes metodologías.

La Taxonomía, entendemos entonces que es la ciencia que estudia la clasificación de los elementos. Las primeras clasificaciones de los archivos eran artificiales, debido a los escasos conocimientos sobre la estructura de las instituciones o la importancia que revestían estos estudios sobre la ordenación y clasificación de los documentos. Debemos considerar sin embargo, que estas clasificaciones artificiales, han servido como material de partida para una clasificación basada en las relaciones existentes entre las divisiones orgánicas de las instituciones.

Necesidad de una clasificación: La mayoría de las personas tienen un conocimiento limitado del mundo documental. Limitado a su esfera de intereses personales o que los relacionan principalmente con entidades que influencian sus propias vidas. Más allá de la variedad de documentos comunes, algunos nos interesan particularmente, siendo prácticamente muy limitado nuestro conocimiento sobre los tipos documentales y sus múltiples nombres y categorías.

Los archiveros, sin embargo se enfrentan con la tarea de identificar, estudiar, e intercambiar sistemáticamente información de la vasta diversidad de instituciones. Para cumplir con esta meta requerimos disponer de un sistema para nombrar a todos las instituciones para asÍ agruparlos en formas ordenadas y lógicas. El problema de elaborar un sistema es inmensamente complicado y comienza con la unidad básica de la clasificación de los documentos.

Especie o Tipo Documental?: Especie en latín significa tipo, la diferencia se presenta cuando llegamos a las aplicaciones del término, Tipo Documental es un término que se aplica originalmente a documentos vivos, mientras que tipo no necesariamente, puede aplicarse también a entidades.

Podemos hablar de tipos de entidades o instituciones, o tipos de archivos, así como Tipos Documentales. Los tipos documentales son unidades naturalmente formadas en el transcurso de las actividades administrativas, semejantes, real o potencialmente, entre si y que se distinguen de otros tipos documentales por sus características.

Para propósitos prácticos, un Tipo Documental es una categoría en la que se ubica una información específica que se ajusta a ciertos criterios bastante rígidos concernientes a su estructura y características internas, reproducidos en actividades semejantes.

Designación de un Tipo Documental: En la actualidad no existe sistemas de nomenclatura ideados para los tipos documentales. El nombre de un documento se genera en la institución con fines de guardar información relativa a la función propia del documento.

Lo que si podemos observar es que existen nombres mas bien de carácter genérico que especifico como cartas, esta denominación disminuye su ambigüedad cuando hablamos de cartas recibidas, es decir algunos nombre tienen genéricos y algún epíteto específico, sea adjetivo o modificador. El nombre del genero siempre se escribe primero por ejemplo Comprobantes (genero) de pago (epíteto).

Puede usarse el genérico Cartas sólo cuando uno se refiere a los tipos documentales del grupo entero que constituye a ese género. Los epítetos específicos por sí solos carecen de sentido, considerando que Tipo Documentales diferentes en géneros diferentes pueden tener el mismo epíteto. Por ejemplo: Comprobantes de depósito y cheques de deposito tienen distintas finalidades e información. El epíteto solo no nos entrega información.

Los nombres también pueden ser descriptivos, por la forma o parecido que tengan con otro tipo documental. Estos binomios son una herramienta necesaria para que haya una comunicación clara e inequívoca entre los archiveros. Cuando se usan diferentes idiomas los problemas de comunicación serían insalvables sin un sistema de nomenclatura universalmente reconocido y aceptado por los archiveros.

Clasificación jerárquica: El objetivo fundamental de los archiveros es percibir el orden en la diversidad de la creación documental por medio de la taxonomía.

La taxonomía es un sistema jerárquico que consiste en formar grupos dentro de grupos. En este sistema cada grupo se denomina taxón y el nivel que se le asigna se llama categoría. Así podemos hablar de categorías: Tipo Documental, Subgrupo, grupo etc. y como cualquier taxonomista podemos añadir otras categorías: secciones, subsecciones, etc.

Filogenia: Si Clasificamos a las instituciones según sus características morfológicas y organizativas, este sistema de clasificación se denominaría como estructural, y nos permitiría acercarnos a la actualidad de los diagramas institucionales u organigramas.

Inicialmente, si clasificamos a las categorías institucionales como si fueran etiquetas y que cada una de estas deberían estar asignadas y normalizadas en un contexto correspondiente, de modo que cuando todos estos contextos estén completos se comprenderá, recién, la diversidad institucional. Este sistema funciona mientras las categorías son estáticas e inmutables; al aceptar que las categorías no evolucionan, esta forma de clasificación parece inadecuada.

La filogenia estudia las relaciones evolutivas con la incorporación de información histórica, es como la crónica de la evolución de las categorías.

Independientemente del método en que se estudie la filogenia, esta es única, las categorías siempre marcan niveles conocidos, los genéricos y los específicos.

Sistema tradicional de clasificación: El actual sistema de clasificación se basa en los siguientes pasos:

1.- Al organismo a clasificar se le asigna un taxón por medio de sus Características internas marcadas en los organigramas, conformando categorías de acuerdo a los niveles de responsabilidad y funcionalidad.

2.-Se prueba si estas similitudes dentro las categorías son Homologías. Se tienen en cuenta las responsabilidades compartidas, cuando sea posible.

3.-Se comparan varias etapas de sus ciclos de producción documental y patrones del desarrollo documental.

Metodologías alternativas: Una vez que queda clara la división de las unidades documentales, a causa de las dudas que puedan surgir por los métodos tradicionales se aplican opcionalmente tanto la metodología inductiva como la deductiva.

El método inductivo, nos permite partir de las unidades documentales mas pequeñas, considerando sus características externas e internas, desarrollando hacía las unidades mayores. La diferencia entre homología y analogía no se tienen en cuenta.

El método deductivo. Estudia las relaciones documentales a par de lo genérico, es decir a partir del Fondo documental, estableciendo las categorías comprendidas por analogía, con los distintos niveles organizativos. La excesiva simplificación de características en realidad no son tan sencillas y discretas.

Taxonomía diplomática: Gracias a los estudios diplomáticos de los documentos se pueden determinar las similitudes y diferencias entre cartas, informes, o memorandos, contenidos de información y estructuras de datos importantes.

Observamos en primera instancia que para lograr resultados adecuados a las circunstancias, la creación de una nomenclatura Tipológica Documental, con carácter universal, sería un gran aporte ya que se considera un lenguaje universal en donde todos podemos comprender y reconocer a los diferentes Tipos Documentales.

A través de la taxonomía podemos clasificar a la gran variedad de instituciones.

TAXONOMÍA Y SISTEMÁTICA:

CLASIFICACIÓN DE LOS ORGANISMOS

El Ciclo vital de los documentos, (CVD), es eEl estudio de la evolución documental, desde su gestación, trámite, resolución, hasta su selección, es particularmente útil para dividir los documentos en grupos porque revelan cómo están emparentados cronológica y morfológicamente entre sí.

La clasificación de los documentos atendiendo a su origen se denomina taxonomía, (Taxis = orden, rango) la taxonomía es la rama de la archivología que se ocupa de la clasificación de los documentos activos, y su tendencia actual es realizar clasificaciones naturales, en cambio la sistemática clasifica a los documentos activos en diferentes categorías taxonómicas. Los taxónomos utilizan las relaciones de grado para crear grupos. Aunque los esquemas de clasificación son por necesidad un tanto arbitrarios, es probable que representen el "árbol organizado" de las diversas formas administrativas actuales. Cada documento pertenece a un grupo determinado. El grupo, es considerado como una categoría taxonómica mayor. Las otras categorías podemos verlas en los subgrupos, series, y documentos, siendo la unidad por excelencia la pieza documental. El documento, para nuestro propósito, está conformado como una unidad documental, una sola resolución. Las demás categorías están conformadas por estas unidades documentales, cuyas cualidades, son básicamente los principios archivistitos; en consecuencia los caracteres internos y externos, permiten su agrupación en cada categoría.

De acuerdo con la postura de Schellemberg, los expedientes son unidades de conservación que encierran un asunto específico, lo que los hace proclives a pertenecer a alguna de las categorías, agrupándolos por esa cualidad principal que sería el asunto. Entonces se puede decir que la Taxonomía es un método que estudia la clasificación de documentos activos.

Es probable que el primer estudio serio sobre estos aspectos que contemplamos, consistiera en el intento de catalogarlas. Las primeras clasificaciones apriorísticas, eran subjetivas y artificiales, debido a los escasos conocimientos sobre la estructura documental. Estas categorías simples sirvieron, no obstante, como material de partida para una clasificación basada en las relaciones existentes entre los distintos niveles de los organismos.

La sistemática: como mencionamos antes, la sistemática es el estudio de las relaciones entre los organismos. Estos conceptos vertidos hasta ahora, nos permiten comprender mejor la labor de la clasificación, considerando que no existen formulas para resolver este trabajo sino que se sustenta en un conjunto de conocimientos propios del archivero. Así, comprende algunos elementos genéricos que lo obligan a conformar o considerar más como grupos de series. En consecuencia, con la clasificación se procuró cumplir dos funciones distintas: proveer métodos útiles para describir los documentos y reflejar el curso, a veces errático, de los cambios evolutivos del trámite.

En la actualidad se discute si ambas funciones son compatibles o no. El sistema de clasificación permite hacer generalizaciones. Ya que hay información almacenada en la clasificación de todo tipo documental. Se puede observar que la progresar hacia abajo desde el fondo hacia la serie, aumentan los detalles, yendo de lo general a lo particular. En suma, la clasificación jerárquica es muy útil para almacenar información y recuperarla. Como mencionamos antes, a la serie se la puede considerar una realidad organizativa, pero las otras categorías sólo existen mediante la abstracción.

El uso de los nombres tipológicos.

Las distintas administraciones institucionales determinan la presencia de gran diversidad de series documentales, y tradiciones administrativas de distinta índole, lo que da lugar a que los nombre que reciben los tipos documentales dependan del lenguaje que en dichas regiones se usa.

La multiplicidad de nombres representa y ha de representar durante mucho tiempo un verdadero problema para los archiveros, pero en la medida que la profesión se extiende, se comprende mejor que después de la clasificación, se debe pensar en una nomenclatura uniforme. La Ordenación primero desde el punto de vista que tomamos, y la clasificación después, induce a los estudiosos a pensar en una forma más práctica de denominarlos. Por otro lado, se debe pensar que la clasificación de los archivos, son muy particulares tanto en su estudio como en su aplicación. De ahí el interés de incorporar adecuadamente la taxonomía y la sistemática.

Es evidente que uno de los fines de la nomenclatura es dar un nombre que sea reconocido por todos los archiveros y que resulte único, universal y distinto a cada taxón. Los Decretos considerados como tipología, son emanados en todas partes del mundo, su nivel de resolución depende de la forma de gobierno del lugar. Pero al pensar en los nombres de las series, que son innumerables, se comprende que la aplicación de una nomenclatura presente dificultades. Los problemas principales que se intenta resolver las regulaciones de nomenclatura provienen de los siguientes hechos:

De que autores diferentes hayan dado el mismo nombre a series que son distintas en lugares distintos. A esto se le llama homonimia.

De que un mismo tipo documental haya sido descrito por autores diferentes, recibiendo distintos nombres, a esto se le llama sinonimia.

De que en las descripciones de muchos autores, sobre todo de los más antiguos. Resulte difícil reconocer tipos documentales que ellos citaban. Esto se da sobre todo en Europa, de aquí la necesidad de establecer "tipos" representativos al estilo Schellenberg.

De que diversos autores han podido tener un concepto distinto, desde el punto de vista taxonómico, de una clasificación determinada, generalmente por la extensión o dimensión de la institución.

Y, finalmente, de que la nomenclatura debe disciplinar algunos aspectos que hacen a la ordenación y clasificación, apuntando a convertirla en principios universales, convirtiéndose en un mero instrumento al servicio de la taxonomía, pero sin interferir con ella.

Cualquier modificación del status cognoscitivo y cualquier incorporación sobre el mismo, por cualquier autor, entra en competencia con los demás, de tal manera que cumplidos los requisitos técnicos indispensables es un criterio de utilidad. Ahora bien, la nomenclatura ha de ser unívoca, por lo cual entre todos los nombres posibles para una tipología documental, sólo debe prevalecer uno, que es válido (criterio de validez). En general el nombre más antiguo es el que prevalece (criterio de prioridad).

SISTEMA DE CLASIFICACIÓN

Desde sus orígenes, el hombre se plantea la necesidad de ordenar todo lo que le rodea con la finalidad de ubicar a cada objeto en donde le corresponde. Esta necesidad condujo al establecimiento de las clasificaciones de las cosas. Los distintos sistemas de clasificación han sido diseñados con el afán de ordenar en forma adecuada. Como ejemplo de clasificaciones podemos citar: el orden alfabético de las palabras de un diccionario enciclopédico o la clasificación de un conjunto de monedas de acuerdo a su tamaño o su fecha de acuñación, el tipo de metal.

Es importante señalar que por lo común los sistemas de clasificación obedecen a tres aspectos generales:

1.- Se toma en consideración su utilidad,

2.- Se considera las semejanzas existentes entre los objetos, lo que permite ordenarlos y relacionarlos en grupos de individuos de las mismas características,

3.- Debido a que la valoración es de carácter individual, ningún sistema puede ser considerado perfecto, porque interviene en gran medida la subjetividad del taxónomo (científico que estudia las clasificaciones científicas) A estos aspectos se les conoce como criterios extrínsecos a diferencia de los que se toma en consideración cuestiones de estructura y utilidad, llamados criterios intrínsecos.

El hombre ha sido un clasificador desde tiempos remotos. Sin duda alguna, incluso los habitantes de las cavernas dieron nombres a las plantas y animales y los agruparon como útiles y peligrosos, como Aristóteles, ya que el intento agrupar toda la naturaleza en una forma lógica. Originalmente la clasificación es natural, aplicado a la naturaleza misma, así la Zoología fue el campo de todos los médicos y la botánica estuvo relacionada con el estudio de las plantas y hierbas importantes para la práctica médica. A partir de esos primeros trabajos, se elaboraron esquemas naturales de clasificación basados en similitudes entre los organismos. Con el desarrollo de la sistematización, la clasificación para a los objetos no naturales, o sea a aquellos fabricados o modificados por el hombre, se clasifica el contexto cultural.

Observamos entonces que para la Ordenación y la clasificación, es indispensable tener algunos conocimientos básicos, a saber

1.      de la administración y su organización,

2.      de los Sistemas en su contexto Teórico,

3.      del Ciclo Vital de los Documentos (CVD)

4.      de los caracteres internos y externos de los documentos.

Para lograr una adecuada aplicación de los principios archivísticos, Básicamente la del Orden Original y el Principio de Procedencia. Veamos cada uno de estos puntos.

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] FERRATER Mora, José. Diccionario de Filosofía abreviado. Texto preparado por Eduardo García Belsunce y Ezequiel de Olasso. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 1975 pp 315 - 317

[2] Arévalo Jordán, Víctor Hugo. APUNTES PARA LA INTRODUCCIÓN A LA METODOLOGÍA GNOSEOLÓGICA DE LA HISTORIA.  E-libro-net.. Octubre del 2002.

[3] Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.

[4]  Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.

 

Publicado el: 03/01/2015 / Leido: 8295 veces / Comentarios: 1 / Archivos Adjuntos: 0

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Comentarios

Interesante el tema tratado ordenacion, clasificación. Favor tratar y modelos de Cuadro de Clasificación Funcional para Hospitales.

Mara Enriquez (09/01/2015)